UNA MIRADA A LA COMPETITIVIDAD DE LA INDUSTRIA COLOMBIANA

comtetitividadA finales de 2013 y principios del presente año, se presentó un fuerte repunte del dólar, sobrepasando la barrera de los 2.000 pesos, el cual estuvo impulsado por la política monetaria efectuada por la Reserva Federal (mediante la cual se contrajo los estímulos monetarios), y por la inestabilidad en los precios de los commodities, en particular el petróleo.

Sin embargo, durante lo corrido del segundo trimestre dicha tendencia devaluacionista (del peso colombiano con respecto al dólar) se ha venido revirtiendo y con ella han salido a flote las opiniones de los empresarios exportadores, argumentando que la tasa de cambio genera profundos impactos en la competitividad del país, por cuanto los productos nacionales se tornan más costosos en dólares dificultando las ventas en el extranjero.

Ante tal situación, el Banco de la República (cediendo a las presiones), aceleró la compra de dólares con el objetivo de defender los sectores productivos.

¿Acaso las fluctuaciones de la tasa de cambio se convertirán siempre en una de las principales excusas de los gremios y entes gubernamentales para sustentar la falta de competitividad industrial del país?

“Cuatro años han pasado y el país no ha visto mayores avances en materia de competitividad”, es uno de los primeros enunciados a partir de los cuales se desenvuelve el último Informe Nacional de Competitividad, el cual refleja una verdad que al parecer muchos organismos nacionales parecen desconocer y que nos ubica en una muy mala posición si se tiene en cuenta que países vecinos con menor peso económico han logrado cambios significativos en tal materia, como lo son Perú y Panamá.

Muchas son las razones a partir de las cuales el país y en especial la industria colombiana no han asumido un rol preponderante dentro de la competitividad de la región, como lo son los costos de las materias primas, los costos de la energía, la falta de incentivo a bienes de capital (que permitan la modernización de las plantas), el contrabando, el difícil acceso a medios de financiación, el deficiente desarrollo de las TIC’s dentro de las empresas, la baja optimización logística, entre otras. Es absurdo que los gremios y empresarios del país se resguarden en la tasa de cambio (de corto plazo) para ocultar lo que por ineficiencia pública o privada no se ha realizado durante las últimas décadas; no quiere decir que el precio del dólar no afecte la dinámica competitiva del país, simplemente existen factores con mayor relevancia en el rezago de tal dinámica que requieren atención inmediata si se quiere acceder a la órbita de los países altamente competitivos.

En este orden, se debe ejecutar acciones fundamentales que apunten a trasformar el aparato productivo, lo cual debe ir acompañado de iniciativas privadas que propendan por el aumento de la productividad al interior de las empresas. Sin embargo, no basta con que estas políticas se lleven a cabo, es de vital importancia que se acoja y adapte el modelo de países con un elevado nivel de competitividad, donde se desarrollan incentivos tanto a la exportación como a la diversificación, y se generan un sin número de estímulos para crear y potenciar el sector de pequeñas y medianas empresas.