WERT COMO SÍNTOMA

Me dirijo a ti, querido Director, con nada de acritud, aunque con un inmenso cansancio.

No solo sigues pretendiendo ser lo que no eres, fuiste o serás. No solo aparentas tener un discurso que no te corresponde, sino que tienes la falta de tacto de exponer las presuntas ideas, sacadas de una mala autopista de la comunicación, delante de quien no solo puede refutarlas, sino que, además, eres consciente de que lo va a hacer.

Has vivido y vives de la cuchufleta constante, de la risa impostada y de la mano puesta, para ver qué cae dentro. Perdiste la dignidad cuando tomaron por asalto tus órganos sexuales, te sentó una mujer en una mesa y te dijo qué tenías que decir, cómo lo ibas a decir y cuándo. Es más, te quitó el micrófono de las manos y te dejó bien claro que quien mandaba era ella.

Puede que en los ambientes serviles donde sueles merodear, se sobreviva con esa sonrisa miserable. Pero no me negarás que es duro tener que poner la carita todos los días, con el “ordeno y mando” como consigna. Ese, también, eres tú. Es imposible no conocerte.

Y vienes, pavoneándote de tus “saberes” y, como tantos otros, prefieres esconder tu mierda poniendo el ventilador hacia el ministro de Educación. Esto es, tú no fuiste lo que querías ser porque el ministro no te dejó. Sin embargo, fuiste lo que eres porque otros te lo impusieron. Es un mal argumento. Peor, imposible.

Seguro que si llegaste a terminar los estudios que terminaste, puedes jurar que lo hiciste porque el sistema educativo andaluz te lo permitió y, además, fue gratis. Como todo lo que predicáis desde el progresismo. Todo a cien, no. Todo gratis. Pues vete diciéndolo por ahí. Hasta lo que parece gratis, lo pagamos los demás. Así que, por lo menos, danos las gracias. Nos las merecemos.

Llevamos más de treinta años con competencias exclusivas en materia de educación y ha tenido que ser un ministro el que te impida a ti ser lo que querías ser. Vaya por Dios, querido Director.

Como oíste, os sobran las bravuconerías, los discursos hueros, las palabras muertas y os faltan muchos congresos de autocrítica. Pero claro, con el “puerta a puerta”, los barrigas agradecidas van a ir, otra década más, llenando los pucheros de la democracia de bellaquerías, llevando a las urnas votos comprados por el sistema clientelar al que perteneces. ¿Te sorprende que te lo digan a la cara? Sí, tú y otros cientos de miles que son los que hacen posible, al mismo tiempo, el empleo y el paro en Andalucía; el dinero y la pobreza, al mismo tiempo.

Y no veníais  por el dinero. ¿Entonces, por qué veníais?

San Ignacio de Loyola, perdona Director, me estoy pasando de santuarios, pero, como sabes, me educaron curas franquistas, se tiene que estar revolviendo en su tumba. Averigua por qué.

Y averigua por qué desde el ministro de Educación Maravall, no se ha podido en España, llevar a cabo una reforma educativa. No ha sido por la calidad de la educación que profetizaba el ministro y sus sucesores. Era por la cantidad de elementos no pertenecientes al conjunto que se fueron agregando y que hoy, al igual que en otros colectivos, amenazan con derribar la Función Pública con sus cargos ilegales a todas luces. Todo ese personal se lleva, como tú, un parné que no le correspondería en una democracia reconocible.

Pero, ¿sabes? El Hijo Predilecto de Andalucía, Alfonso Guerra, mató a Montesquieu y, desde entonces, no hay separación de poderes en España. Triste ejemplo el de Felipe, que ahora aboga por una coalición con la derecha. A lo mejor consigue que no os echen a todos, ya que antes, os colocó “a tós”. Mira tú por donde, vas a tener que admirar a quienes tanto odias. A mí no me mires. Yo nunca he votado a la derecha, ni me he metido en la cama con ella. Mira tú si a ti te ocurrió alguna vez.

En definitiva, ¿quién puñetas eres tú para repartir culpas sobre los demás, cuando tú eres un directo responsable del desaguisado que es hoy Andalucía?

Deberías mirarte al espejo, reconocer de dónde vienes, acordarte de quiénes te llevaron de la mano y ser agradecido.

Recuerda que nada te debemos, porque somos incapaces de atisbar algo en lo que tú pudieras habernos beneficiado. Y deja en paz a los maestros. Porque, aunque no lo quieras reconocer, fueron ellos quienes te enseñaron todo lo que sabes.

Y si quieres ser más, no pongas como coartada a D. José Ignacio. Ten lo que hay que tener, plantéatelo y échale huevos, hombre. Una simple tasa universitaria no puede parar a quien ha estado esperando más de treinta años. Ya lo sabes, a mí, hasta Franco fue capaz de darme una beca. Y también sabes por qué. No tuve que pagar la tasa. No había tasa para los buenos de verdad. Te dejaban pasar por lo que eras, no por lo que, como tú, decís ser. Y no te quepa duda de que el futuro del país no se asienta sobre quienes vegetan sobre el sistema universitario esperando becas gratis por no hacer nada y jubilarse cuando lo haga papá para disfrutar de su paga. Los hombres y mujeres que nos concibieron, y bien lo sabes, no eran así, Eran duros como piedras, y jamás se arredraron ante nada y ante nadie. ¿Qué cojones habéis hecho con este pueblo que se cae de pura pena? Finalizo.

Recuerda: Yo también estoy encantado de haberte conocido. Espero no tener que volver a dirigirte la palabra.