Y ¿qué pasó con la corrupción?

@ellibelaresc

Ocurre con mucha frecuencia que las noticias con su sistemática repetición se desgastan y, lamentablemente en muchas ocasiones, dejan de ser noticia. Así ocurre, por ejemplo, con las vallas de la frontera africana de Ceuta y Melilla, la guerra en Siria, el hambre en muchas partes del mundo, la explotación infantil en ciertos países, los escraches y, últimamente, la corrupción en España.

Observad cómo de la noche a la mañana el tema, la realidad de la corrupción, está siendo menos noticiable, ha dejado de estar en el debate político.

La ocasión es inmejorable. Tenemos a tiro de piedra unas elecciones europeas que por necesidad tendrían que ser una plataforma que tratara con seriedad y exigiera responsabilidades por la corrupción. Apreciamos que de forma velada y muy por encima el asunto no figura en las proclamas de los partidos mayoritarios de cara a las elecciones europeas. ¿Casualidad? ¿No sorprende la coincidencia? ¿El ´y tú más´ lo hemos aparcado en el armario? ¿Ya no es eficaz? Como les conviene la pausa, los políticos han dejado de interesarse por la corrupción y con esta actitud han contagiado en la despreocupación a muchos españoles. Tanto es así que en las encuestas del CIS la preocupación de los españoles por el tema de la corrupción que está embruteciendo a políticos, grandes cargos y compañías subsidiarias de varios ministerios ha caído considerablemente. Mala cosa, muy mala.

¿Por qué los medios no tratan la noticia de la corrupción con la intensidad con que lo hacían hace unos meses? ¿Será porque la corrupción ha dejado de ser noticia? No lo creo. Pienso que más bien es un logro del Gobierno, que día a día va poniendo cerco a los medios de comunicación negándoles subvenciones si no se someten a su ideario o cerrando sus licencias de televisión por su actitud díscola. El caso más reciente lo tenemos en las TDT que el Gobierno ha obligado al cierre con escusas imbéciles que se podían haber solucionado con un simple decreto.

Pero hay más: el acoso del Gobierno, que solo es detectable en detalles, a los órganos de justicia en los que de una u otra manera puede influir para poner el máximo posible de arena en los rodamientos de los procesos, a fin de evitar que estos avancen, que es cuando se producen las noticias. La jueza Alaya, la de los ERE; el juez Castro, el del asunto Urdangarín y el juez Ruz, el de Gürtel. Los tres aparecen cada vez más como los malos de la película. Y los tres pueden darse por satisfechos si, con el tiempo, no terminan como el juez Elpidio Silva, que como todos sabemos se atrevió a meter mano a Miguel Blesa, algo que parecía estar reclamando a gritos la mayoría de la ciudadanía. El resultado ya lo sabemos: fue objeto de un linchamiento mediático que según todos los indicios olía a maniobra orquestada y ordenada desde el poder como solo huelen esas cosas. El juez, de momento, se defiende, pero su caso ha dejado de ser noticia, sin que los medios de comunicación escritos o televisados ni tampoco los partidos de la oposición hayan tenido a bien indignarse lo más mínimo ante un atentado tan descarado contra la justicia democrática. Al juez Garzón le pasó lo mismo. El mensaje es: tranquilos corruptos, no pasa nada. Los jueces forman parte de nuestro sistema, y si se rebelan ya veis lo que hacemos con ellos. Tranquilos, que vuestros casos pronto terminarán en el baúl de los recuerdos.

Nota final: A Arias Cañete, después del desprecio que ha hecho de las mujeres ¿quién lo votará? Como mujer hace falta tener estómago para introducir en la urna una papeleta que le apoye. Es tirarse piedras contra el propio tejado. Alguien que sin ruborizarse deja claro que para él las mujeres son, cuando menos estúpidas, no puede ni debe representarnos. No lo votéis. Debemos tener muy claro que con perfiles como el de este PePero estamos retrocediendo muchos años en los avances conseguidos.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de EL TRANSFORMISTA.