Y nacen bisontes

Por Mario Quevedo, en Cantabricus
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Fantásticos días de primavera aquí, en el borde noroccidental de Iberia, tierra de brujas dónde nada está claro (que decían en El Rey Pasmado1). Damos la bienvenida a las flores y los bichos (deja el insecticida y saca el escarabajo por la ventana, biófobo). Y como la prensa es reflejo de la sociedad, unánimes los medios principales de la región dan la bienvenida a una cría de bisonte.

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Y es que los bisontes son guapos, eh. Sobre todo de pequeños. Luego, cuando pesan 400 kg y defecan proporcionalmente a su peso y masiva ingesta de material vegetal (sí, eso quiere decir cagar estiércol), son un poco más molestos. Pero no olvidemos la  unanimidad, el consenso: ambos medios trasladan a la sociedad que esta efeméride del nacimiento de una bisontina es un hecho que no se repetía desde hace 10.000 años. Es decir, trasladan a la sociedad que el bisonte europeo Bison bonasus vivió en el norte de Iberia a finales del Pleistoceno.

Y ahí es donde unánimemente se equivocan. No era Bison bonasus sino Bison priscus (bisonte de estepa) la especie de bisonte que vivía en el norte de Iberia hasta principios del Holoceno. Al menos eso es lo que se deduce de leer a los paleontólogos que se dedican a estudiar esas cosas. Algunos de ellos están aquí cerca, más cerca incluso de las rotativas que los bisontes de Teverga. Y además divulgan:

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Ninguna intención tengo de amargar estos días de luz y flores con broncas, que a mí los bisontes me gustan. Sí; y me gustan también las hienas. Y los linces boreales. Esos bichos que vivían en Iberia a finales del Pleistoceno.

Ya decía al principio que al norte de Iberia, tierra de brujas y lobos, nada está claro.

Notas y referencias:
[1] Se referían en la peli a Galicia, sí; pero aquí en Asturias tampoco lo tenemos del todo claro.