¿Podremos?

Jornada laboral de 35 horas semanales.
Jubilación a los 60 años.
Salario social universal
Prohibida reducción de empleo en empresas con beneficios.
Auditoría de la deuda pública.
Servicios públicos de transporte y energía.
Dación en pago y freno a las cláusulas bancarias abusivas.
Delito fiscal a partir de 50.000 euros de fraude.
Separación efectiva de la Iglesia y el Estado.
Conciliación de vida familiar y laboral.
Sistema público, universal y de calidad de escuelas infantiles y guarderías.
Acceso universal y gratuito a la educación.
Eliminación del copago sanitario y farmacéutico.
Ley de la Dependencia con recursos.

No, aunque pueda parecerlo, se trata del programa del PSOE.
No es, tampoco, el del PP, pese a que algunos de estos preceptos figuran entre sus compromisos electorales.

Se trata de un resumen de la propuesta con la que Podemos, la formación sin partido, la coalición sin banco detrás, la minoritaria entre las minoritarias, participó en las recientes elecciones europeas.

Unos postulados que, pese a no ser novedosos ni exclusivos, han catapultado al grupo que nació del cabreo contra los desmanes del sistema a convertirse, con solo cuatro meses de vida, en la tercera fuerza del país, con casi un 1,3 millones de votos y cinco eurodiputados.

El colectivo que encabeza ese Pablo Iglesias del siglo XXI ha logrado que las urnas dejen claro el desencanto mayoritario ante todos esos gobernantes (nacionales, regionales, locales, da igual) a los que vemos envejecer física y, sobre todo, ideológicamente en las mismas poltronas en las que nacieron para la política.

Sin embargo, pese a que los postulados que recoge Podemos figuran en los compromisos de los dos partidos mayoritarios, su irrupción en el europarlamento ha sido recibida por los grupos mediáticos que sustentan el bipartidismo con pavor.

Desde la propia noche electoral comenzaron los insultos (radicales, ultras, hacen escraches, quemarán iglesias, uuuuh) y, sobre todo, los mensajes alarmistas sobre la ingobernabilidad que generaría si los de Podemos logran lo mismo, o parecido, en las próximas elecciones generales, autonómicas y municipales.

Y aunque la mía no fue una de las casi 1,3 millones de papeletas que avalaron la conversión de Podemos en Pudimos tengo claro que si hay una situación que da pavor, una propuesta realmente ingobernable es, precisamente, la que defienden los grupos mediáticos probipartidismo: que sea una gran coalición entre PP y PSOE la clave de nuestro futuro.
Igual habría que decirles a toda esa recua de inmovilistas que la política no es cosa de dos.
Que la política es cosa de todos. ¿Podremos?