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Según reportes de la revista Forbes, la fortuna de Poroshenko asciende a unos 1 600 millones de dólares. Foto: EFE

La tarea que tiene por delante el magnate del chocolate y nuevo presidente ucraniano, Petró Poroshenko, es mucho más compleja que venderle un dulce a un niño.

Tras unos comicios marcados por la inestabilidad y la ausencia de las regiones independizadas del este, Poroshenko asumió las riendas de un país dividido, prácticamente en un escenario de guerra civil, e inmerso en una profunda crisis económica y social.

Curiosamente, el multimillonario llega al poder tras un golpe de Estado propiciado por fuerzas que se catalogaban de “populares” y “antioligárquicas”.

Poroshenko proviene de la región rusoparlante de Odesa, en el sur de Ucrania, pero su carrera política y empresarial arrancó en la región de Vinnytsia, en el centro del país. Allí levantó su imperio del chocolate en la década de los noventa, durante el periodo postsoviético. En la actualidad, su empresa Roshen, el gigante de las golosinas de Europa oriental, produce 450 mil toneladas de dulces al año. Además, es dueño de un canal de televisión, un astillero y empresas productoras de autos y buses.

Según reportes de la revista Forbes, su fortuna asciende a unos 1 600 millones de dólares.

No es un desconocido tampoco en los círculos políticos que han dominado el país desde la caída de la Unión Soviética.  Fue una de las figuras destacadas en la llamada “Revolución Naranja”, que llevó a la presidencia a las fuerzas políticas pro occidentales entre el 2004 y el 2005.

Resultó electo parlamentario en varias ocasiones. Se de­sempeñó entre el 2009 y el 2010 como canciller del gobierno de la ex primera ministra Julia Timochenko, con quien ha tenido en los últimos tiempos pugnas y acusaciones mutuas de corrupción.

Aunque el actual presidente apoyó abiertamente  las revueltas antigubernamentales en Kiev que derivaron en el golpe de Estado al presidente legítimo Víktor Yanukóvich, se presentó a la  campaña electoral de mayo como un candidato independiente.

A lo largo del proceso hizo evidentes sus preferencias por el curso de la junta golpista de estrecha colaboración con Estados Unidos, la complicidad con los sectores fascistas y una respuesta de fuerza al descontento y la rebeldía de las regiones orientales por la federalización, afirma PL.

En el primer encuentro mantenido con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, Poroshenko discutió el au­mento de la ayuda norteamericana en el terreno militar y económico.

Aunque Washington expresa ahora su total apoyo al electo mandatario, no siempre lo ha visto con buenos ojos. Cables del departamento de Estado divulgados por Wikileaks se refieren a él como un “oligarca deshonroso”, asegura Russia Today.

Sin embargo, a partir del 2009, cuando Poroshenko fue designado ministro de Exteriores de Ucrania y defendió públicamente la integración del país en la OTAN, el tono de los cables cambió a “un hombre de negocios bien situado, con amplias conexiones políticas que aboga por integrarse en la Unión Europea (UE)”.

EL DONBASS EN LLAMAS

Las principales preocupaciones del flamante presidente    —más allá de la abultada deuda pública y las negociaciones para pagar la factura de gas ucraniana— se encuentran en el sudeste del país, donde acontecen protestas populares en rechazo a las autoridades de Kiev y a favor de mayor protagonismo político para las regiones.

Poroshenko dijo en su discurso de investidura que no quería la guerra ni la venganza y que iniciaría su gestión con la oferta de un plan de paz y una garantía de indemnización para todo el que no tuviera sangre en sus manos.

Pero dejó claro sus intenciones de  devolver al país a lo que llamó su “natural condición europea” y que estaría trabajando para que Ucrania fuera un miembro pleno de la UE.

Para el alcalde popular de Slavyansk, en el norte de Donetsk, Vyacheslav Ponomariov, Poroshenko es hombre de mentiras, a quien no se le puede creer ni confiar, según PL.

Las relaciones con su vecino, Rusia, también son un factor determinante para lograr la estabilidad del país. Recientemente se produjo en Normandía, Francia, un encuentro de Poroshenko con el presidente Vladímir Putin.

La parte rusa ha ratificado su disposición a encontrar caminos para ayudar a la paz en el este ucraniano y ha in­sistido en la necesidad de poner fin al derramamiento de sangre.

Putin aclaró a los medios de su país tras el encuentro que las negociaciones para la solución pacífica del conflicto no pueden ser entre ambos países, ya que “Rusia no es parte del conflicto”.

Los implicados, agregó, “son las autoridades de Kiev y los partidarios de la federalización en el este”.