¿Seguro que podemos?

Quiero empezar diciendo que el voto es legítimo en cualquier caso, el ejercicio democrático por excelencia es siempre respetable. Los ciudadanos ejercen su derecho al sufragio pasivo en el sentido que más conveniente creen.

Y sí, yo también voy a hablar de ‘Podemos’. La formación liderada por el mediático Pablo Iglesias ha cosechado en las últimas elecciones europeas la impresionante cifra de 1.245.000 votos, lo que se ha visto traducido en cinco eurodiputados.

¿Qué cuales creo que han sido las claves de este rápido ascenso de un partido creado de la noche a la mañana?
La primera y principal razón es el sentimiento de hartazgo en la ciudadanía española, la crisis social, económica y política, los cada vez más sonados casos de corrupción y una clase política monopolizada por PP, PSOE y nacionalistas de todos los colores, que no hace otra cosa más que acrecentar esa desafección entre representante y representado, agrandar la brecha entre ciudadano y político.

No debemos olvidar el alzamiento mediático de los grandes lobbies de la comunicación españoles,  alzamiento que ha aupado a Iglesias a niveles de popularidad insospechados. Lo hemos visto en prime time de las noches de La Sexta, en Cuatro y hasta en cadenas de la derecha. Además, el joven profesor tiene un estilo fresco, directo y sencillo, sobre todo sencillo.
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Es triste pero es así, la mayor parte de la ciudadanía de este país vive a base de mensajes simples y consignas sencillas, si el PP, el PSOE y los nacionalistas agitan los sentimientos y los temas más polémicos, Podemos ha sabido llegar a lo más profundo de cada ciudadano a través de un mensaje muy básico. Los políticos son la gran mayoría unos ladrones, están entregados a los bancos y hay que aumentar enormemente las prestaciones sociales. Poco más (y no digo que en muchas cosas no tenga razón). No obstante, dudo que la mayoría de sus votantes hayan reparado en leer su programa, me niego a creer que de la noche a la mañana han aparecido en este país un millón doscientas mil personas que piensan que Hugo Chávez era un demócrata y un ejemplo a seguir o que debemos empezar a plantearnos implantar el derecho a portar armas, sí creo sin embargo que hay una gran masa de población que no ha sabido canalizar su indignación de otra manera más que eligiendo al que más han escuchado y que más fácil resulta de entender, aunque en el fondo sepan que es un voto protesta, un voto para nada reflexionado.
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Si a todo esto le sumamos que ha tenido que batirse con lo más casposo y aburrido de la parrilla televisiva española, es decir, ha tapado bocas a personajes tan desdichados como Alfonso Rojo o Paco Marhuenda, las simpatías tenían que aumentar necesariamente.

En resumen: malestar + mensaje fácil + líder mediático = éxito electoral

Está feo,  pero hay que decirlo, Marine Le Pen, que también fue entrevistada por una morbosa Ana Pastor en su programa de ‘El Objetivo’, también hablaba estupendamente e hizo pensar a más de un despistadillo. ¿O es que los votos del Frente Nacional en Francia no vienen incluso de jóvenes de clase media que anteriormente había votado Hollande? La receta es parecida. Ambos movimientos, a priori a años luz de distancia, a excepción del componente racista y xenófobo que está siempre presente en los movimientos populistas de extrema derecha en Europa, tienen bastantes puntos en común, a saber, euroescepticismo o eurofobia, recuperación de soberanía económica y política… Es una situación que se vive en todo el continente europeo, a problemas complejos soluciones sencillas, eso es el populismo, y en unos países se canaliza más a la derecha y en otros más a la izquierda.

No puedo evitar manifestar cierta sensación de desánimo y apatía al comprobar que una sociedad como la española, hastiada y cansada de lo de siempre, que exige cada vez más a los gobernantes (como debe ser), que quiere hechos y no palabras, que mira con lupa a sus políticos… acuda a votar en masa a un partido creado hace cuatro meses y que no sabe a ciencia cierta qué propone más allá de luchar contra la corrupción y dejar de pagar la deuda. Estoy muy contento con el resultado del partido al que sabéis que pertenezco, pero no deja de sorprenderme este comportamiento social nuestro.  Una sociedad como la española que acusa a partidos políticos actuales de personalismos ¡ha votado una papeleta que lleva como logo la cara de su líder!

Toda esta situación me recuerda horrores al capítulo de Los Simpsons en que Homer llega a ser concejal de sanidad y medio ambiente bajo el lema ‘que lo haga otro’ mientras es aclamado por las masas.

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Hay partidos nuevos, limpios, que han demostrado ya mucho, que llevan tiempo trabajando desde las instituciones para cambiar las cosas a mejor, desde la política, sin grandes aspavientos ni espectáculos, sin gritos ni discusiones de barra de bar, cambiar las cosas de raíz y desde las instituciones, una auténtica batalla. ¿Y ahora? ¿Todos son iguales? Pues mirad, no, no todos son iguales.

En mi opinión, esto ha sido un toque de atención a los partidos tradicionales, PP y PSOE, para que o cambian su manera de hacer las cosas, echan y denuncian a los corruptos y dejan de tirarse los trastos a la cabeza, o tenemos Podemos para rato. Como bien dice el primer ministro italiano, “si hacemos reformas creíbles, el populismo ya no tendrá futuro”  http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/30/actualidad/1401476874_016158.html

En definitiva, hay que hacer pedagogía, siempre desde el respeto absoluto a lo elegido por los ciudadanos, pero hay que explicar que la política es algo mucho más serio que palabrería, por muy bien dicha que esté. Que esto se arregla con más política, con más diálogo, con reformas serias, con mucho debate y con menos demagogia.