ABCdario

Por Víctor Octavio García

Con el grupo Reflexión

  • Amigos comunes
  • Amigos de siempre

zzzzzabcRara vez escribo para mi y hoy haré la excepción que espero que no se convierta en regla. Después de presentar “Crónicas de cacería”, me hablaron del grupo Reflexión para invitarme a la sesión-desayuno de ayer miércoles. No titubeé en aceptar pese a mi forma de ser sobrio, apocado y huraño. Con mucho gusto estaré con ustedes les conteste. El ex gobernador Guillermo Mercado Romero fue quién hizo el puente de la invitación y de mi aceptación para asistir. Previo cruzamos varias llamadas telefónicas (con Mercado –como lo tuteó desde antes, durante y después de que fue gobernador– habló con mucha frecuencia).

Llegue quince minutos antes a la cita. A la entrada al restaurante (Los Tamarindos) me recibió Gastón Castanier, dueño del restaurante y viejo conocido, quien tras el saludo de rigor me compra un libro que le dedico apoyado sobre la barra de la cafetería. Adentro esperan María Luisa Salcedo de Beltrán, María de la Luz Ramírez, Eligio Moisés Coronado, Blanca Meza, Cirilo Verduzco, Félix Mario Higuera, Héctor Lamas, Enrique Estrada Lucero y Mauricio Hernández. De inmediato me asignan un asiento (silla) a la siniestra del líder del grupo, Raúl Zavala, justo en el centro de la mesa, donde posa, discretamente, una pequeña campana (como las que utilizan los Jueces para abrir o clausurar sesiones). Aquí se sientan los invitados, me susurra al oído Enrique Estrada. Todavía no inicia la sesión-desayuno y me siento como con zapatos nuevos, “engentado”, después de saludar a amigos de muchos años. Poco a poco van llegando los integrantes del grupo: Jesús Murillo, Eligio Soto López, Jesús Chávez Jiménez, Ricardo Fiol Manríquez Sr., Jorge Romero Zumaya, Antonio Chávez Renteria, Enrique Vázquez Utrillas, Felipe Beltrán. En cuanto llega Raúl Zavala se inicia la sesión; primero, los asuntos ordinarios y temas de la semana, después la presentación e intervención del invitado. Raúl Zavala hace la presentación protocolaria de un servidor, amigo de muchos años, expresa, no sin antes elogiarme por la publicación del libro. Tomó la palabra –tremendo lío para mí, por mis graves problemas de dicción y aguda sordera– y lo hago titubeando como un chamaco de 10 años. De entrada les advierto; “tengo una pésima dicción y peor audición, pero nos vamos a entender”, les digo. Logró hilvanar, –muy al estilo del “Chucho” Castro–, un discurso en desuso que las nuevas generaciones no conocen; el estado de abandono en el que se encuentra postrado, desde hace años, el ranchero sudcaliforniano, con secas interminables y lluvias que siguen sacándonos la vuelta. Brevemente toco el tema de la vida salvaje; de venados, liebres, chacuacas, conejos y de las Umas –Unidades de Manejo Ambiental– uno de los peores desastres para la preservación y cuidado de la vida animal que he conocido, promovidas desde el gobierno desde los tristes tiempos de Julia Carabias–, tema que incita la participación de Eligio Soto López, conocedor del tema, que hace una amplia disertación sobre el particular. Concluida mi intervención, Raúl Zavala me entrega un reconocimiento signado por él y los socios del grupo Reflexión. Antes de anunciar su retiro, el Jefe de jefes, Raúl Zavala, piden y hacen uso de la palabra Guillermo Mercado, María Luisa Salcedo, Cirilo Verduzco, María de La Luz Ramírez, Eligio Soto López, Félix Mario Higuera, Ricardo Fiol Manríquez Sr., Blanca Meza, Enrique Estrada, Jesús Murillo, Eligio Moisés Coronado, para felicitarme y expresarme inmerecidos elogios. Como no estoy impuesto a este tipo de reuniones me siento confundido y me pregunto, en mis adentros, ¿seré yo al que se refieren, al que felicitan, al que elogian, del que hablan con tanto garbo?. Me siento en las nubes, como si flotara, como si no fuera yo: Estoy a punto de soltarles, a modo de chascarrillo, un viejo dicho del “Cachí” Sandoval–; “échenme de la madre para sentirme a gusto”, solo para sentir de nuevo que soy yo, el que calza y viste. El ambiente lo siento y se siente cálido, entre hermanos, entre viejos amigos, caras conocidas y eso influye para vencer mi parquedad, mi timidez. En plática de sobremesa, Enrique Estrada Lucero me obsequia una copia de la foto cuando le entregaron en 2005, un justo y merecido reconocimiento por sus 50 años de servicio interrumpido al servicio del magisterio, que me dedica con su puño y letra. María de la Luz Ramírez, primera Procuradora General de Justicia en el Estado, se me acerca para platicar brevemente. A María de La Luz Ramírez tenía años de no verla y me da mucho gusto saludarla, verla y tutearla. Cruzó palabras con Mercado, con Cirilo Verduzco, que cuenta una vieja anécdota cuando siendo yo un párvulo de 5 años, me saqué un libro en una rifa amañada por él, allá en Caduaño, mi tierra natal; con Blanca Meza, con María Luisa Salcedo, con Eligio Soto López, con Enrique Vázquez Utrillas, con Félix Mario Higuera, que me emplaza a que vaya a las ciruelas en su finca en San Pedro, “Víctor, va a ver muchas” me dice en todo amable; con Enrique Estrada Lucero, entre otros. Me invitan a integrarme al grupo Reflexión, acompáñanos el próximo miércoles, de veras vienen, me piden con mucha calidez. Me despido emocionado, confundido, groddy, sin que todavía me “caiga” el veinte de lo que pasó, minutos antes, dentro del restaurante. Me tocó y me pregunto ¿seré yo?. Leo detenidamente el reconocimiento que me acaban de entregar con las firmas estampadas de los que lo signaron el pergamino y vuelvo a preguntarme ¿seré yo?. El negocio camina; vendo un libro y regalo cuatro, ay va. No he vendido muchos libros pero he recibido infinidad de felicitaciones, elogios, manifestaciones de afecto, de aprecio, después de dos semanas de haber presentado “Crónicas de cacería”, que sigue recibiendo con gusto y satisfacción propiamente de todo el estado. ¡Qué Díos los bendiga!. Gracias, muchísimas gracias.

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