Antes de que empiece el Mundial

Sergio Niño

Mundial de fútbol, fanático viendo la televisión

Foto de blogytecnologia.com

Esta semana comienza el mundial de fútbol. Ese tiempo en el que la sociedad le hace mute a sus problemas y sólo piensa, vive, respira y discute por el balón que va rodando de un lado al otro de la cancha.

Supongo que durante cuatro semanas la polarización política pasará a segundo plano. Chavistas y opositores bajarán sus banderas y subirán la de su equipo favorito. Hace unos días vi a una señora comprar una bandera de España. “Claro, éste es el equipo campeón” decía mientras pagaba 400bs por algo más de 50 centímetros de tela. Supongo que hace cuatro años pedía, con la misma frase, la bandera de Brasil y pagaba 100bs. Lo que me hace suponer que, en 2018 pedirán la bandera de quien resulte el ganador este año. Inflación de la pura, fanatismo del más ridículo.

Ahora el tema de conversación en la cola para comprar harina será si Messi mete gol en el partido de mañana o si Brasil conocerá la victoria en casa. Mientras hacen la cola, habrá quienes aprovechen para armar o modificar sus quinielas, según el consenso popular.

Inequívocamente, mi quiniela personal apuesta a que continuarán las excusas chimbas. Pues si a estas alturas el Gobierno anuncia con total desfachatez que la falta de aviones en el país, se debe a la demanda mundial que necesita llegar al gigante de Sur América y usted, después de la cola, no consigue ni papel ni pollo ni desodorante, no se queje. Siéntase digno pues su comida y productos de higiene personal posiblemente también fueron desviados a Brasil y están satisfaciendo la demanda.

Somos entonces, buenos samaritanos, estamos colaborando con nuestros hermanos sureños. Y mire que ellos están en la calle protestando y defendiendo sus derechos mientras en Venezuela hay quienes se burlan de la inflación, escasez y corrupción por andar comprando franelas o banderas para el juego. A Dios gracias que muchos compraron su televisor de 40 pulgadas el año pasado en Daka.

Pasado el mes que debe durar la Copa del Mundo y cuando todos vean a una selección alzar el trofeo, usted amigo mío seguirá haciendo cola para lo mismo, no llegarán ni los aviones ni el papel. La cola será la misma pero no el precio. No obstante, lo peor del caso es que tiene que esperar cuatro años más para volver a sentirse anestesiado.

No tengo nada en contra del fútbol. Mucho menos en contra de quienes esperan apasionadamente este evento. Pero si usted es de esos que ahora tiene que pagar 50bs por un sobre de barajitas que antes costaba 5bs y sigue como si nada, entonces déjeme decirle que estamos mal.

Los invito a que volvamos a leernos en agosto, luego de su primera visita al mercado tras el letargo del balón pie. Cuando ya no tenga nada de que hablar. Mientras tanto grite gol que el país puede esperar. Supongo.