Atrapados sin salida: los riesgos de apostar todo al mercado interno

EL CRONISTA COMERCIAL – EDICIÓN IMPRESA 3DIAS 06.06.14 | 00:00

Atrapados sin salida: los riesgos de apostar todo al mercado interno

 

En tiempos de desaceleración económica, los especialistas consultados por 3Días analizan las distorsiones de un modelo kirchnerista que priorizó el frente doméstico pero que hoy está obligado a exportar, ante el derrumbe del consumo. Falta de competitividad, caída de la inversión y pérdida de terreno a nivel global, las consecuencias de mirar sólo hacia adentro.
En los albores del kirchnerismo, la apuesta del modelo económico funcionó. Hasta pareció un pleno: se logró una expansión del mercado interno que creó empleo, recuperó industrias rezagadas y generó un crecimiento a tasas chinas. Sin embargo, con el tiempo, se empezó a percibir el costo de haber apostado todo al mercado doméstico.
Las decisiones del Gobierno priorizaron el corto plazo, generando distorsiones que hoy piden a gritos un reencause de la economía, sostienen los economistas consultados por 3Días. Alentar el consumo interno por encima de la inversión y el mercado doméstico por sobre el internacional, argumentan, provocó fuertes desequilibrios con consecuencias que van desde la desaceleración de las exportaciones y la caída en la tasa de inversión, hasta la falta de divisas y la alta inflación.
Según Jorge Todesca, titular de la consultora Finsoport, la decisión inicial del Gobierno de Néstor Kirchner de impulsar el mercado interno fue correcta porque permitió un rápido crecimiento del empleo, una recuperación del nivel de los salarios y una mejora en la calidad de vida de parte de la población, que había quedado muy afectada con el colapso de la convertibilidad. Además, destaca que todo esto se logró sin efectos inflacionarios.
De todos modos, los expertos consultados coinciden en que haber sostenido esta política hasta la actualidad fue un error. En palabras de Todesca, “haber impulsado el crecimiento de la demanda interna a una velocidad mayor que el crecimiento de la inversión y, por lo tanto, de la oferta, creó un desequilibrio que fue el detonante del proceso inflacionario que padece el país”.
Es que, cuando los precios comenzaron a aumentar y el atraso cambiario se convirtió en la herramienta para intentar regular la inflación, surgieron las dificultades. La apreciación cambiaria se empezó a sentir en el sector exportador que tendió a volcarse al mercado interno por falta de competitividad. Además, se fueron sumando las restricciones comerciales, para abastecer internamente, que perjudicaron a algunas industrias que no encontraron los incentivos suficientes en el mercado doméstico para invertir. Y esto, finalmente, alimentó el ciclo inflacionario.
Falta de inversión
La escasa inversión en el país encuentra entre sus argumentos que la Argentina tiene una economía de baja escala que no justifica grandes inversiones, a menos que exista una ampliación hacia otros mercados, asegura Marcelo Elizondo, experto en comercio exterior y director de la consultora DNI. “Esto se observa en las inversiones realizadas en el sector automotriz. Aquellos que exportaron a Brasil invirtieron grandes cantidades, algo que no realizaron los que sólo producían para el mercado local”, explica.
Así, tanto la inversión doméstica como la extranjera se vieron frenadas en los últimos años. “Esta decisión del Gobierno de direccionarse al mercado interno se diferencia de Chile que se consolidó como una plataforma para llegar a otros mercados a través de Tratados de Libre Comercio con 60 países. Esto permitió que recibiera el doble de inversión extranjera directa que la Argentina”, agrega el economista.
Por otro lado, fueron varias las industrias que se vieron desincentivadas a invertir debido a un atraso cambiario desfavorable para la exportación, así como también políticas que restringieron y hasta prohibieron las exportaciones, y medidas de contención de precios domésticos que sólo pretendían beneficiar el consumo interno.
“El modus operandi de mantener deprimidos los precios internos, en el corto plazo, es bueno para los consumidores, aunque no para los productores. Asimismo, en el mediano y largo plazo, la política es funesta para todos”, señala el economista Federico Muñoz. Y agrega: “Este proceder tiene consecuencias negativas: una fuerte retracción de la producción local, una mayor inflación y una falta de divisas, por no privilegiar las exportaciones”.
Muñoz menciona como ejemplo el mercado de la carne, el trigo y los lácteos, tres sectores que se vieron perjudicados en los últimos años y perdieron su tradicional terreno a nivel internacional. “La carne y el trigo eran netamente competitivos y hoy existe una pérdida de exportaciones por haber desalentado su producción. En casos como estos, terminamos con precios más caros en el mercado doméstico, un resultado opuesto al que se quería lograr. Además del impacto en las divisas”, agrega.
Asimismo, el titular del estudio Federico Muñoz y Asociados expone el caso del sector energético. “La falta de inversión frente a la decisión política de mantener bajas las tarifas obliga hoy a acudir a las importaciones para abastecer al mercado interno”, dice.Desequilibrio
“El error no ha sido apostar al mercado interno, sino haberse negado a desarrollar el sector exportador para sustentar el modelo internista”, afirma Jorge Colina, jefe de Investigaciones de Idesa. El economista argumenta que se ignoró el hecho de que toda empresa que produce para el mercado interno consume, en mayor o menor medida, maquinas e insumos importados y que necesita dólares para funcionar. “El desaliento a las exportaciones tiene ahora como consecuencias negativas las restricciones de dólares para poder expandir importaciones de máquinas, repuestos e insumos”, agrega.
A su vez, Mariano Lamothe, gerente de Análisis Económico de Abeceb, marca que ningún extremo es bueno. “La Argentina no tiene las condiciones, ni la cercanía, ni los tamaños de empresas para apostar solamente al mercado externo. Pero tampoco puede esperar crecer a tasas del 8% traccionadas por el mercado doméstico, porque esto genera fuertes desequilibrios”, sopesa.
Tanto para Todesca como para Colina, este dilema entre elegir apostar al mercado interno o a las exportaciones propone una antigua contradicción. No fue sólo este Gobierno, sino que fueron muchos, desde 1930, los que vienen cometiendo el error de entender ambas cuestiones como antagónicas y no como complementarias. Todesca incluso lo señala como una de las debilidades estructurales del país.
En tanto, Colina insiste en que la década que pasó fue una oportunidad única para apuntalar un buen modelo de mercado interno, con una potente estructura exportadora. Según las cifras que aporta el economista Jorge Vasconcelos, vicepresidente del Ieral, de la Fundación Mediterránea, si las exportaciones argentinas hubieran seguido el ritmo de países como Brasil, Chile y Colombia, hoy en vez de ser de u$s 82.000 millones, serían de u$s 120.000 millones. “Esto da una idea de los costos de un modelo demasiado internista”, ilustra.
Vasconcelos sostiene que la industria argentina debería tener un diseño como el de Malbec, un vino de mucha demanda tanto interna como externa, que puede ser colocado en cualquier mercado. De modo que, si existe una caída en el mercado doméstico, se pueda sustituir el mercado interno por las exportaciones. “La culpa no la tienen las empresas, sino las reglas de juego que hicieron que muchas plantas industriales, históricamente, se hayan construido bajo la idea de que sólo iban a atender al mercado doméstico”, señala.Cerrojo al comercio
Otra medida que también condicionó a la industria fue la del cierre de las importaciones. “La persistente decisión del Gobierno de fomentar el atraso cambiario provocó no sólo la retirada de algunos sectores del mercado exportador, sino que también generó que, frente a la alta inflación, la industria local prefiriera importar que producir, dado que resultaba más económico”, señala Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina.
Esto derivó en la decisión, puesta en marcha por el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de aplicar políticas que restringían las importaciones con el fin de incentivar la producción local. Los efectos son conocidos: falta de insumos y repuestos para industrias, más inflación, una baja en la calidad productiva debido a la ausencia de competencia, represalias y hasta demandas por parte de antiguos socios comerciales.
Estas consecuencias, o muchas de ellas, se podrían haber evitado de haber cambiado la receta a tiempo, señalan los economistas consultados. Pero, a pesar de haber recuperado niveles productivos y haber alcanzado una desocupación de un dígito, el Gobierno continuó incentivando el consumo, sin tener en cuenta otras variables.
Al respecto, Elizondo afirma que la Argentina hoy tiene una fatiga económica, sin crecimiento y distorsiones como consecuencias de “la sobre estimulación del consumo, que actuó como anabólico, dando sensación de vitalidad en el corto plazo, pero efectos negativos en el largo.”
Para Todesca, una vez estabilizada la situación económica del país, el kirchnerismo debió haber procurado tasas de crecimiento más moderadas. ¿Cómo? “Con menor expansión del gasto público y con estímulos a la inversión, de manera de promover un crecimiento de la oferta nacional, tanto para abastecer la mayor demanda interna sin tensiones inflacionarias, como para aprovechar el tipo de cambio competitivo e impulsar las exportaciones. “Tal orientación hubiera preservado buenas tasas de crecimiento y equilibrio en el sector externo de la economía”, indica.
Por último, Todesca advierte que si el Gobierno se adjudica el rol central para impulsar al consumo, progresivamente, desplazará al sector privado. “Se debería buscar lo opuesto. La cuestión se agrava porque coexisten una política monetaria contractiva con una política fiscal expansiva. No hay coordinación básica entre las dos grandes herramientas de la política económica”, concluye. n 3D