Bajo el signo del deseo individual

Gilles Lipovetsky, el intelectual francés célebre por sus análisis de los cambios sociales, nos ha venido a recordar, a su paso por Argentina, que el ser humano contemporáneo es esencialmente deseante.

Y se trata de un sujeto a gusto con la sociedad de consumo, y en quien la mitificación del bienestar llega a convertirse en su ideal máximo y el colmo de la realización personal.

El autor de “Era del vacío”, “El imperio de lo efímero”, “El crepúsculo del deber”, donde desmenuza la ética del posmodernismo, como tendencia cultural dominante, estuvo en Buenos Aires estos días para dar una conferencia sobre “La sociedad del hiperconsumo”.

En diálogo con el diario La Nación, quien es considerado uno de los autores extranjeros preferidos por los argentinos, volvió a ratificar su pensamiento respecto de que los valores colectivos, propios de la modernidad, han cedido en beneficio de una ideología de corte individualista y hedonista.

La fe en un porvenir radiante, que había que construir sobre la base del compromiso social y político, aun a costa del propio pellejo, ha quedado como un resabio del pasado.

Para el sujeto contemporáneo, dice el francés, al “transformarse en legislador de su propia vida”, ha decidido seguir su propio instinto, haciendo de la esfera del consumo su campo aspiracional preferido.

Vivimos, entonces, en la era del ‘hiperdeseo’, donde todos quieren todo, y donde el acceso a los objetos de consumo, provistos por el mercado, ya no son un lujo extravagante sino casi un derecho humano fundamental.

Lipovetsky sostiene que desde hace al menos 20 años las sociedades occidentales democráticas han entrado en la “segunda revolución individualista”.

La primera revolución tuvo lugar entre los siglos XVII y XVIII, con la “valorización del individuo autónomo, libre, igual a su prójimo”. Pero entonces la autonomía individual era contrarrestada, dice, por “la moral, las grandes ideologías, las rigideces normativas”.

Hoy asistimos, señala el escritor, a una vuelta de tuerca del proceso autonómico: “Sus rasgos fundamentales son la expansión de la autonomía subjetiva, el hedonismo del presente, el culto del cuerpo, el culto de los psíquico y relacional, y, naturalmente, el derrumbe de las grandes ideologías”.

Las nuevas tecnologías, dice, han venido a reforzar la tendencia individual. Gracias a ellas la gente construye una identidad virtual conectada al consumo, la moda y los propios gustos. “Una identidad casi totalmente desconectada de la que recibió, lejos del peso de las tradiciones y las instituciones”, sostiene.

¿Qué opina sobre las tendencias sociológicas que describe? ¿Las celebra o las condena? Más bien se muestra a favor, aunque aclara que no es cierto que la sociedad del hiperconsumo sea una “sociedad abierta a la felicidad”.

Lipovetsky reconoce carencias (como la contaminación del planeta y la desigualdad social) y cree que estas sociedades “crean necesidades que con frecuencia no pueden ser satisfechas, y esto crea cada vez más frustración”, aunque aclara que nadie querría volver atrás.

Para él el sistema social ideal es el practicado en los países de Europa del Norte, “donde se combate la desigualdad y se deja funcionar el mercado sin intervención permanente del Estado”.

Los analistas del consumo suelen adherir a la descripción del francés, como es el caso del argentino Guillermo Oliveto, quien en su libro “Argenchip” sostiene que “en nuestro país, tan prototípicamente de clase media, gran parte de la identidad se construye por símbolos de consumo”.

 

© El Día de Gualeguaychú