Donde reinan las musas: Teatro Tomás Terry

ImagenNo imaginó en toda su extensión el Teniente Coronel de Infantería Don Luis Lorenzo de Clouet y Pietre que Fernandina de Jagua, la colonia por él fundada el 22 de abril de 1819, alcanzara tan alto grado de esplendor como para competir nacionalmente como una de las más prósperas del país desde el propio siglo XIX.

Cuando en sencilla ceremonia con sus primeros colonos, repartió solares, ordenó la parcelación original de lo que sería Plaza de Armas e instó a trabajar arduamente en el fomento de la colonia, no sólo cumplió con el interés de la metrópoli en cuanto al incremento de la población blanca en la isla; sino, y sobre todo, insertó nuestro territorio en un vertiginoso proceso de desarrollo capitalista, donde intereses individuales y estatales convergieron armónicamente para generar una sociedad moderna, culta y económicamente poderosa que muy pronto resplandecería ante el mundo como “La Perla del Sur”.
La historia económica de Cienfuegos, como condicionante de su florecimiento sociocultural, es fiel reflejo de lo antes expuesto. Durante los primeros años, la acumulación originaria de capitales fue la base imprescindible para la futura implantación de nuestra principal industria: la producción de azúcar.
Estos capitales iniciales se fomentaron al calor de cultivos como el tabaco, el café, la madera, la producción de cera y la ganadería, los que a su vez generaron un sector dedicado a la actividad comercial que paulatinamente fue ganando escaños en ese complejo sistema que es la economía, hasta regir con posterioridad los destinos de la región.
Nuestro magnífico puerto, habilitado en 1827, fue desde esa fecha el vínculo local más certero con el resto del mundo. Estas relaciones mercantiles fueron ampliando su diapasón para permitir el incremento de los capitales dedicados al comercio y la entrada de influjos internacionales que vincularon nuestra región con las corrientes más ilustradas del siglo XIX occidental. Por el puerto entró también una de las primitivas fuerzas motrices de la industria azucarera: la mano de obre esclava que, procedente de África, sirvió un poco de mentís a aquel fomento de colonias de blancos y consolidó la nacionalidad cubana.
La década de 1830 fue significativa para la proyección futura de Cienfuegos. La producción de azúcar alcanzó niveles insospechados para una colonia tan recién estrenada y ello estimuló la entrada de capitales de otras regiones del país.
Es en ese contexto en el que surgen y se expanden la trama urbana y el quehacer constructivo locales, matizados por el eco clasicista que, procedente de Europa y/o relacionado con nuestra cercanía al Norte de América, emerge como “leit motiv” imprescindible para un conjunto urbano que se caracteriza por la parcelación simétrica, donde plazas y paseos se enseñorean con elegancia para enmarcar la actividad social de sus habitantes.
Nuestra pasada centuria soberbia y refinada, definidora y comprometida se deja ver en Cienfuegos en todo su esplendor.
Digna expresión de su época, Cienfuegos -como el resto del país- se sumó a la explosión constructiva de edificios públicos, necesarios en tanto necesarias fueron las nuevas funciones generadas por el desarrollo. Es para la ciudad un período en el que se construyen inigualables edificaciones.
Esta somera caracterización económica, urbanística y arquitectónica cienfuegueras, tiene un fin: adentrarnos en ese maravilloso hilo conductor que fue nuestro devenir histórico cultural para que al encontrarnos con una edificación tan majestuosa como el Teatro Tomás Terry; nadie dude que su ejecución no fue casual, sino necesaria y lógica consecuencia de una cultura sólidamente asentada y materializada por las posibilidades financieras de una de las figuras que económicamente trascendió el territorio para convertirse en acaudalado de acaudalados en el siglo XIX cubano.
Teatros Anteriores.
Venezolano de origen y cienfueguero de acción y palabra, Tomás Terry Adans fue un hombre de su tiempo y respondió al mismo según su ideología de clase. Su época coincidió con el auge de la actividad teatral en el país.
De esta forma fue Terry quien en 1863 se empeñó en construir un coliseo con todos los requerimientos, que respondiera a las necesidades de la actividad dramática local, y para ello realizó al gobernador Pezuela, un donativo de $60 000.00 para destinar $50 000.00 a la construcción de un teatro y $10 000.00 a la de una escuela para niños con escasos recursos, cuyo sostenimiento sistemático dependería de los productos de la instalación cultural. Este proyecto financiero no llegó nunca a ser ejecutado. De acuerdo con Edo “… el ofrecimiento fue hecho especialmente por Terry a Pezuela en virtud de la confianza que éste, por sus particulares condiciones merecía a aquel, de que la cantidad prometida sería dignamente empleada, y como al poco tiempo cesó el gobierno de Cienfuegos el repetido señor Pezuela, no plugo al primero hacer a otros, la donación que exclusivamente a aquel había prometido”.
Al fallecimiento de Tomás Terry el 5 de julio de 1886 en París, sus herederos determinaron convertir en realidad el otrora empeño de su padre, para lo que crearon una sociedad civil denominada Sucesión de Don Tomás Terry, cuyo objetivo era la construcción y administración de un teatro llamado Teatro Tomás Terry.
El capital inicial de la Sociedad ascendía a la suma de $ 115 000.00 calculados en oro, de los cuales $ 57 000.00, o sea la mitad, correspondían a Teresa Dorticós Gómez de Leys, viuda de Terry y la otra parte constituía la división equitativa de los seis herederos vivos de esa numerosa familia.
De este capital resolvieron destinar $100 000.00 para construir la edificación y, con ese fin, dieron a conocer, el 25 de mayo del propio año 1887, una convocatoria en las principales publicaciones periódicas del país con el propósito de sacar a concurso el proyecto constructivo de la edificación. Con este hecho, la familia convierte al teatro en el único edificio cienfueguero del siglo XIX cuya ejecución obedece a la selección entre varias propuestas concursantes.
El jurado conformado al fin en París, escogió entre tres proyectos presentados, el realizado por el ingeniero militar nacido en Santiago de Cuba, Lino Sánchez Mármol, a quien la familia Terry encomendó encarecidamente la dirección de su ejecución.
ImagenEl 19 de diciembre de 1887 fue colocada la primera piedra en una ceremonia religiosa con un gran público asistente. Jóvenes del Liceo enviaron a Madrid un cablegrama de agradecimiento a Emilio Terry Dorticós y demás familiares. La construcción de la obra se extendió hasta 1888.
Finalmente, el 12 de febrero de 1890, tuvo lugar la velada artística inaugural del teatro, en la que subieron a escena reconocidos artistas y aficionados locales. José Emilio Terry y Rafael Montoro -Diputado a Cortes- pronunciaron discursos; y José Pertierra -Presidente del Casino Español- entregó a José Emilio Terry un álbum con acta de gratitud y cuarenta y seis hojas con las firmas de miembros del gobierno, propietarios, periodistas, profesionales, artesanos y otras clases de la sociedad. También se exhibió el telón de boca de peluche rojo, bordado en oro y seda en colores; cuyo costo era de $ 7 000.00 y del telón intermedio, obra ejecutada por el pintor Camilo Salaya Toro, encargado de los elementos pictóricos de la edificación.
El coliseo, significativo como elemento cualificador de la vida cultural y social de nuestra ciudad, adquirió desde su inauguración, el rol protagónico que sólo se otorga a las obras de verdadero valor.Imagen
Tomado de Historia y preservación de un Monumento Nacional: Teatro Tomás Terry de Cienfuegos, de Teresita Chepe Rodríguez e Irán Millán Cuétara.

Durante todo el año, desde siempre, se presenta en sus tablas lo mejor del arte teatral local y nacional, con gran presencia de artistas extranjeros: Ernesto Lecuona, Rita Montaner, Bola de Nieve, Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, La Opera Nacional de Cuba, Frank Fernández, Rosita Fornés, Antonio Gades, Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, y muchos otros han subido a su escenario.
Este Monumento, es del tipo llamado Teatro a la Italiana, con su sala en forma de herradura y el público situado en cuatro niveles; pero siempre en relación frontal con el escenario. En cuanto a su diseño, se ajusta al neoclasicismo cubano; con la persianería francesa, el art nouveau, los remates egipcios, las pinturas de Camilo Salaya y los muebles norteamericanos, que nos ofrecen un eclecticismo muy característico de la isla.
Como un verdadero templo de las artes, el majestuoso Teatro Tomás Terry contribuye cotidianamente al esparcimiento y enriquecimiento espiritual de los cienfuegueros y los visitantes que aman la cultura y el arte teatral.