EL PASEO DE LA CANDELARIA Y LA AVENIDA DE ANAGA Y EL PASEO DE “LAS DESESPERADAS” DE LA CALLE DE LA CARRERA

Como era tradicional en la época de nuestros padres, e incluso la nuestra y en la juventud, en Santa Cruz se había establecido desde hacía tiempo el clásico paseo de damiselas y mozos en la Plaza de la Candelaria, con sus sillas inclusive de alquiler, recorriéndola sencillamente de un lado a otro, incluso sin música, mientras las madres y señoronas vigilaban atentas desde la terraza del Casino principal sentadas en cómodos sillones de mimbre y revestidas casi siempre de oscuro como el propio mármol negro del Casino restaurado; de ahí que se le llamara “El zócalo negro”. Todavía los coches circulaban y aparcaban en la Plaza, molestando a los viandantes y ya la misma había perdido su horizontabilidad y escalinata, así como su verja de cerramiento, y por cierto la verja protectora del antiguo monumento a “La Candelaria”, más elevado, era una obra bella de cerrajería no los tristes barrotes colocados hoy después de varios años de incuria.

Posteriormente se abrió la Avenida de Anaga en el primer tramo engullendo la antigua Playa de San Antonio y otras colindantes de callaos negros, donde yo por cierto de niño me bañaba y habían unas pequeñas barquitas de remo que navegaba con María, mi niñera, hasta las gabarras carboneras que suministraban a los barcos que aún eran de carbón. Un muelle idílico con su vieja farola del mar funcionando con sus destellos y su pérgola preciosa que fue inaugurada con la visita de Alfonso XIII a Tenerife y demás islas Canarias en 1906, inaugurando además el viejo tranvía.

Pues bien, el paseo se trasladó con el tiempo, y hablo de los años sesenta aproximadamente, y había al final un restaurante que por cierto recientemente ha sido demolido por los nuevos túneles de soterramiento de la Avenida de Anaga y Avenida Marítima. Y allí se estableció el paseo entre chicas y chicos más modernamente, menos tradicionales y sin “zócalos negros”, pudiendo tomar algunas copas en los bares cercanos, especialmente en “El Chino”.

Y en La Laguna, se crea un paseo en la calle de La Carrera, llamado de “Las Desesperadas”, cortando la calle desde la de San Juan, Plaza de la Catedral, hasta Núñez de la Peña, inmediaciones del Casino y bar Carrera.

De siete y media a nueve y media se colocaba una valla y un cartel de “prohibido el paso”, en los dos extremos, y comenzaba el paseo de chicos y chicas en la “edad del pavo” y “merecedores” y de allí, de aquél paseo como de los de Santa Cruz, surgieron verdaderos amores que terminaron incluso en boda y si no en amores y amoríos pasajeros, entonces “mal vistos” por la sociedad.

Y así se escribió la historia de los paseos de jóvenes y adolescentes, chicos y chicas, en edad de “merecer”, tanto en Santa Cruz como en La Laguna, donde utilizaban el único bar existente, que yo recuerde, el Carrera, en los bajos del Casino, un bar típico de estación con mesas cuadradas de mármol y dos pequeñas terrazas a ambos lados de la calle con sillones de mimbre (un poco también de “zócalo negro”) y la barra al fondo donde Daniel servía los célebres combinados, el coñac estilo whisky o los Mackenzies con soda o mejor sifón, ese práctico aparatito que siempre había que tener a la mano y que bastaba apretar una palanquita y salía con gran fuerza agua altamente gasificada y que ha desaparecido desde tiempo ha. Y esta es la historia de los viejos paseos de nuestra juventud.

La Laguna de Santa Cruz de Tenerife, a 22 de octubre de 2013