El relevo generacional y la economía colaborativa.

Mucho se habla estos días de relevo generacional, al tiempo que somos bombardeados por confusos titulares, en los cuales se intuye precisamente la confusión como el elemento más buscado.

Así, a la detención de un parroquiano por avisar vía whatsapp de los controles de tráfico, se le suma la amenaza de multa por compartir coche al trabajo.

Si bien el tiempo pone en claro la dimensión real de estas y otras noticias, parece bastante evidente que se sigue la técnica de “asusta que algo queda”.

La rueda cíclica de la vida acostumbra a traer de vuelta lo que ya considerábamos perdido en el tiempo: cuando mucha gente vivía en pequeños núcleos, la economía del compartir era la que imperaba en el día a día: cuando toda la cosecha de fruta madura a la vez y ya no quedan botes para más conservas sólo queda compartir; cuando alguien va a sacar el coche, los vecinos aprovechan para resolver sus desplazamientos.

Perdido ya el contacto y el mismo conocimiento de los vecinos (ahora la fruta está capitalizada por el supermercado que, no solo la tira, sino que la destruye para evitar su aprovechamiento por parte de quién, de todas formas, no la podría pagar), hete aquí que nuevos medios de comunicación nos traen nuevas posibilidades, que no son sino actualizadas versiones de las antiguas costumbres.

Pero, en una sociedad organizada por y alrededor de los grandes tenedores del dinero, la economía del compartir, la economía social o la economía de los ciudadanos no tiene cabida, sucediéndose uno tras otro los casos en los que la política, al servicio de los poderes fácticos, se empeña en afrontar con viejas fórmulas las nuevas situaciones.

Sólo por poner algún ejemplo:

  • Las grandes cadenas hoteleras presionan y obligan a legislar contra todos aquellos que se atreven a alquilar su propiedad, argumentando impuestos, competencia,… aclarémonos: es el mismo gobierno el que pretende fomentar el alquiler frente a la propiedad y el que luego dice que esas casas no se pueden alquilar porque para eso están los hoteles? Es el mismo gobierno que debería regular y defender la economía de todos sus ciudadanos y sólo atiende a defender la de unos pocos?
  • Ni siquiera vale la pena mencionar la SGAE y sus atropellos amparados en supuestos derechos de autor y la normativa hecha a su medida y provecho; pero podemos mencionar las nuevas tropelías que pretende imponer CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) queriendo cobrar por aquellas obras de las que no tiene derechos, e incluso (en el colmo del aprovechamiento privado de lo común) de aquellas obras que, licenciadas bajo Creative Commons, están exentas de canon de uso: nuevamente el gobierno, en vez de defender lo común, acaba de dar otra vuelta de tuerca normativa para allanar a CEDRO el camino del atraco, al mismo tiempo que (para tener todo bien atado) se persigue como a criminales a todos aquellos que compartan cualquier cosa a través de una red P2P.
  • Volviendo al tema del tráfico rodado: la misma autoridad que establece carriles específicos para vehículos con más de dos ocupantes, luego pretende sancionar a aquellos que se ponen de acuerdo para compartir los gastos del viaje, o a las web o app que facilitan el encuentro de los usuarios,… y aún serán capaces de explicarnos la conveniencia o incluso la necesidad de tales sanciones por el bien de las empresas de transporte !!

A lo largo de la historia, siempre, los avances tecnológicos han condicionado la adaptación y supervivencia de todo tipo de industrias y empresas. Y no va a ser ahora, con la velocidad a la que se producen determinados cambios, cuando ningún gobierno consiga mantener atados a los consumidores a las fórmulas propuestas por los empresarios de turno: asumiendo todo el sufrimiento y esfuerzo de adaptación que siempre se requiere en estos casos, son las empresas las que tienen que evolucionar acordes a las nuevas posibilidades y demandas: donde unas cierren, otras abrirán: valga citar la tan denostada Airbnb, valorada actualmente en 10.000.000.000 de dólares: muy por encima de grandes empresas hoteleras tradicionales.

Va a ser cierto, por tanto, que se necesita urgentemente un cambio generacional en la política, la monarquía, los consejos directivos, los consejos de ministros y donde sea que haga falta, con tal que se deje de intentar ponerle puertas al campo (con la obvia intención de luego ponerle unas taquillas y cobrar la correspondiente entrada) y se centren los esfuerzos en adaptarnos a una realidad tremendamente cambiante y encauzar adecuadamente las tensiones entre sectores tradicionales y sectores emergentes. Proteger los derechos de las empresas y sus trabajadores sí, por supuesto. Pero no pretender frenar los cambios imparables, ni defender al stablishment a golpe de legislación ad hoc.

La nueva generación dirigente (como otras antes) tendrá el difícil reto de afrontar los cambios con  perspectiva más social, ya que la sociedad está cambiando y el consumo colaborativo parece llamado a quedarse, de manos de las nuevas posibilidades tecnológicas.

La mentalidad de los consumidores está cambiando y, consecuentemente, la forma en que consumimos determinados productos y servicios (vehículos o viviendas compartidos, creación bajo licencias CC, intercambio de trabajos, banco de tiempo, … ).

Pero, por otra parte, la progresiva acumulación de empresas y capitales en manos de grandes holdings, incrementa la capacidad de presión de estos, poniendo en una dificilísima posición a cualquier gobierno, de la que sólo podrá salir con grandes dosis de valentía, inventiva y apoyo social.

 

Boiro, Junio-2014.

puertas al campo