El Sepelio del PSUV

El pasado domingo el PSUV realizó elecciones internas para conformar la lista de representantes (de las bases del partido) que participarán en su III Congreso Nacional. La situación política actual colorea de diversos matices el evento, y a la inversa, dando mucho de qué hablar. La realidad es compleja y cambiante: hacer conjeturas lógicas en Venezuela no es tarea fácil, pero las pistas están para quien tenga buen ojo.

El país se ahoga en la anomia y el chavismo, como grupo amplio, no escapa a esta realidad pese a seguir en el poder. Resulta inverosímil plantear la movilización masiva de personas a favor de un ideal político, mucho menos de un líder, lo cual es habitual en nuestro país. En relación a esto, la participación en las elecciones del PSUV no fue más que nimia, circunstancia de gravedad si tomamos en cuenta la legitimidad de la representación. Las “bases” no están interesadas en participar pues la desconfianza germinó en su estructura.

Luego queda que el III Congreso es una cuestión de las cúpulas: la reorganización del Poder. Pareciera haber dos fuerzas más o menos delimitadas: el grupo de Nicolas y el de Diosdado, los cuales desconfían el uno del otro, y los cuales tienen ideas diferentes en cuanto cómo dirigir el gobierno. De ello resulta pensar que los ideales revolucionarios, bolivarianos, chavistas, están quedando relegados a la retórica, ofuscados por el interés primordial del poder personal.

Si cruzamos los dos puntos explicados, resulta un desorden inviable. El verdadero chavista, fiel a la estructura vertical impuesta por Chávez, frente a la situación económica del país, nota la ineficiencia de los que gobiernan y las rupturas internas en ellos. Del otro lado, las cúpulas del chavismo, divididas, en su afán de poder, han dividido a las bases en función de obtener adeptos a su causa individual. El III Congreso levanta entonces una gran expectativa, pues dependiendo del grupo que salga favorecido podremos prever las próximas decisiones y actitudes del gobierno.

Más importante que lo anterior, en principio, es que el PSUV como unidad política-ideológica operante ha muerto. Las elecciones del domingo fueron su marcha fúnebre. Sus militantes no confían y sus dirigentes están ocupados en otros intereses. Luego, el proyecto original de Chávez, en torno al cual se agrupo la mayoría del país, y al cual se creó el PSUV, pierde fuerza frente a las exigencias político-económicas que trae la incompetencia del gobierno, a la interpretación individual de dicho proyecto por parte de los que gobiernan, y a la desconexión del pueblo con este, por considerarlo traicionado de parte de sus líderes.

Sin embargo esto no significa el desmoronamiento del gobierno. Este sigue teniendo una preponderancia sólida y fuerte. La fuerza es lo único que les queda, elemento al cual no renunciarán quienes se hagan del poder. Lo que podemos ir develando es que el chavismo ha quedado sin un órgano fundamental, su partido; les queda el poder, el crudo y corrupto poder.