El TURRÓN del Golpe

El sábado Maduro ha anunciado un nuevo golpe al poder ejecutivo de Venezuela. El anuncio ha sido designado elocuentemente como el cuento de los mil y un golpes. Eso me recuerda al hombre bueno que siempre llegaba a su casa ante una bulla de celos. Llegaba cinco minutos tarde desde el trabajo, eso significaba que era un Don Juan enamorado viviendo aventuras. El primer ataque de celo fue leve, una simple queja, pero luego fue escalando en una guerra. El buen hombre llegó al punto donde callaba, no había nada que hablar con una mente insensible. La mujer se hacia más recia en el ataque. El silencio para ella era evidencia de que algo se ocultaba, hasta que un día comenzaron los golpes. El buen hombre recibía bofetadas, y él ni se atrevía a tocarla. Eran acusaciones nunca fundadas. Nunca hubo ni una pizca de evidencia y al hombre se le estaba dañando la mente. Llegó al punto donde no se atrevía comer con cuchillo. Miraba a la hoja filosa y fantaseaba en cómo podría traspasarla y arreglar el problema de un sopetón. Decidió el buen hombre no tener un solo cuchillo a su alcance, los escondió entre las herramientas. La mujer le preguntó que había pasado con los cuchillos. Aunque él ya mantenía un silencio general en ese infierno de celos, le contó el estado de su mente. Ella no lo tomó como una amenaza, sino como una razón más para hostigarlo, para reprimirlo, para llevarlo a la orilla. Nunca se hubiese atrevido a lastimarla físicamente. Era hombre de buena cría, pero el hecho de ser de buena cría no era un aliciente para evitarle problemas. Él necesitaba una válvula de escape. No sabía qué hacer. Muchos piensan que la injusticia más grande del mundo es el no recibir lo merecido. Hasta que un día pensó e hizo una definición más clara de la injusticia, basado en su experiencia. Para él era mucho más injusto recibir algo que no se había merecido. Le dijo a su mujer que cómo ella estaba convencida de que él era infiel, y como él tenia que recibir insultos y golpes todos los días, de ahora en adelante él iba a serle infiel, y de esa manera, cuando llegara a su casa, podría recibir el trato que era justo a su comportamiento, el que venía recibiendo desde años. Ella se quedó sorprendida, pensó que debía reconsiderar su comportamiento, no sabía que pensar, pero no tardó mucho en volver con su hostigamiento usual; hasta que un día el respondió por igual a los golpes que recibía y todo se acabó. La esencia nacional no es muy distinta en la gran escala de las cosas. Maduro todos los días lanza acusaciones sin fundamentos, y todas van dirigidas a un golpe en su contra. No hay diálogo y la represión, la mordaza y la desconfianza continua. Se ha ido agravando cada día más, y el pueblo recibe bofetadas, aprisionamiento y hasta muerte cuando trata de alzar su voz.  El cerebro común civil piensa que debe defender su estado físico, pero se debate con su propia sanidad y esconde los cuchillos. Sólo quedan dos opciones. La conciencia libre nacional puede anunciar que va a dar un golpe; de esta manera se hace merecedor del trato agravado que recibe desde años, o cada cual tiene que partir por su propio camino. La opción pacifica es que Maduro renuncie, aquí no existe divorcio por acuerdo mutuo. En la escala nacional, la salida es mucho más fácil, aunque depende sobre todo de Maduro. Lo que Maduro llama un golpe es verdaderamente una recuperación del poder democrático. Con ello puede haber una recuperación de la legitimidad. Ciertamente es una recuperación de la sanidad. Es curioso como la legitimidad y la sanidad van de la mano.