En Colombia no hubo dictadura pero reina la sinvergüenzada

No fue la política el tema que me llevó a abrir este blog pero hoy si es el que me obliga a escribir una nueva entrada. Hace algunos días escuché una entrevista a Fabio Echeverri, un Uribista más Uribista que el mismo Uribe y, a pesar de recurrir a los mismos métodos de todos los simpatizantes del ex presidente: salirse por la tangente, alegar, estar siempre a la defensiva y atacar a los otros, dijo algo muy sensato que me hizo reflexionar. El señor en su verborragia, su incontinencia verbal, que no permitía que los periodistas hicieran más preguntas -ridículas por cierto- acotó que los medios de comunicación solo se preocupan por lo que hace el ex mandatario, que al parecer no hay otro tema en el país. Creo entonces que es momento de ver más allá de lo que ya conocemos de la historia del sujeto para trascender y lograr concretar entonces propuestas que movilicen a los que no nos identificamos con él.

El problema en Colombia no es precisamente la derecha, tampoco la extrema derecha -a pesar del daño que le han hecho al país- el verdadero problema es la izquierda, siempre tan disuelta, tan incomprensible, tan difusa, a veces inexistente, que permite a los mismos de siempre pescar en río revuelto encontrando el camino para volver a lo que ya conocemos.

Debo confesar que lamentablemente no pude ejercer mi derecho al voto porque no logré inscribir mi cédula, eso me hace sentir en parte culpable, incluso cómplice. Si bien mi voto no habría hecho un cambio significativo si sería una muestra de lo importante que es para mí ser un sujeto políticamente activo. Más que de la definición de un partido, se trata de una muestra real de mi compromiso democrático. Terriblemente hago parte del 60% que no se acercó a las urnas y eso me hace sentir triste.

Las noticias hablan del abstencionismo como protagonista de las elecciones, incluso algunos medios lo declaran “el ganador”, cuando con esto la única que pierde es Colombia, toda, entera, porque seremos 47 millones los que tendremos que enfrentarnos a los próximos inciertos cuatro años -que seguramente se convertirán en 8, y quién sabe cuántos más, como ya pasó-.

Todavía quiero creer en mi país, deberíamos aprender a mirar hacia afuera, conocer otras experiencias para fortalecer el criterio propio, para lograr superar el pensamiento ramplón de “no voto porque igual ganan los mismos”, claro que ganan los mismos, si más de la mitad de los votantes no se pronuncian, no decir que estamos en contra es asumir que estamos de acuerdo. Un simple caso es el de Costa Rica, donde Luis Guillermo Solís Rivera llegó a la presidencia cuando las encuestas lo mostraban como el relleno electoral, son precisamente los votos los que definen la contienda, las encuestas no son más que artimañas para jugar con la mente de los indecisos, lo que ayudan a que sean siempre los mismos. El problema en Colombia es que no se vota por uno sino en contra de otro y es ahí justamente donde la oposición se desvanece.

Cuando escucho hablar de política, economía, inclusión, equidad, programas y movimientos sociales, se dice que en ciertos países la situación es diferente porque las dictaduras que sufrieron durante el siglo XX hicieron que la sociedad se tornara más crítica. Se dice además que Colombia fue uno de los pocos países que no tuvo dictadura, al principio me sentía feliz, incluso orgulloso, pero después, cuando entendí lo que eso significa, sencillamente quedé más desilusionado, el modelo neoliberal que ha adoptado opaca con sus rimbombantes cifras económicas -que no benefician al ciudadano del común- las atrocidades relacionadas con los Derechos Humanos que ha sufrido por más de 60 años.

En Argentina hay miles de personas que aún buscan a sus familiares desaparecidos, en Colombia se vive lo mismo. En los gobiernos de facto pensar diferente es sencillamente declarar la guerra contra el sistema y, como dirían popularmente, ponerse la lápida en el cuello, en Colombia ya esto también se ha vivido. La represión, la violencia, el miedo, el absolutismo, la desigualdad, la corrupción, la impunidad, son apenas algunos aspectos de los que se listan para evidenciar lo terrible que fueron las dictaduras en países como Perú, Brasil, Chile y Argentina; Colombia no tuvo dictadura pero si hacemos una revisión tampoco se ha salvado de esto.

En Colombia no ha habido dictadura, no oficialmente, porque la comunidad misma permite que se violen los derechos. El miedo, la chabacanería, la mojigatería, el clientelismo, entre otros, son herramientas que justamente usan los que se mueven en la élite política de nuestro país para lograr sus retorcidos propósitos. En Colombia no hubo dictadura, no una reconocida internacionalmente, pero sabemos que en realidad no hemos estado lejos de ella, solo nos hacemos los de la vista gorda, los gobernantes no piensan en nada más que en su propio beneficio. En Colombia lo que reina es lo degenerado de la sociedad y hasta que no haya una verdadera oposición, fuerte, confiable y segura, seguirá desangrando.

Hoy reinó el abstencionismo en las Urnas y no creo que sea precisamente un mensaje de Colombia para decir que no confía en sus gobernantes, considero que es una muestra de la desigualdad que se vive, de lo acostumbrado que estamos a la violencia, porque la interiorizamos, damos por sentado que es el curso natural de nuestro país, no concebimos otro modelo que nos lleve a la otra orilla y justo ahí llegan otros a hacer de las suyas moviéndose donde mejor lo hacen: en el terror y el miedo. Pone en evidencia que la falta de educación política es la que genera estos niveles de indiferencia, no con el voto, sino con el país, consigo mismos. Imagen

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