Kati Horna, fotógrafa anarquista de la Guerra Civil española

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Quizás fue la fotógrafa más comprometida con la causa del pueblo español que se enfrentó al golpe de Estado franquista. Kati Horna (1912-2000) nunca buscó colgarse medallas como la más valiente o temeraria durante la Guerra Civil: prefirió retratar a las mujeres, hombres, niños y ancianos que la sufrían y la vida cotidiana tras los frentes de batalla, tan dura o brutal en ocasiones como estos.

Una retrospectiva en el museo Jeu de Paume de París mostrará a partir de Septiembre 150 obras de esta incansable luchadora, cosmopolita y vanguardista mujer. Como añadido casi frívolo, la novia a la que más quiso el también fotógrafo Robert Capa.

La exposición parisina, que intenta condensar los sesenta años de trabajo de Horna, traza el paso por el mundo de una fotógrafa nacida en Hungría, hija de una familia de banqueros pero recelosa de las comodidades y privilegios de la clase acomodada. Prefirió moverse: a los 19 años viajó a Berlín para conocer al escritor antifascista Bertolt Brecht, cuyo aviso de los peligros del naciente nazismo la llevaron  a participar en manifestaciones y protestas callejeras. Luego regresó a Budapest, donde siguiendo los consejos que había recibido del eminente László Moholi-Nagy, profesor de la Bauhaus. Con él aprendió los rudimentos de la fotografía como ayudante de József Pécsi.

En 1932, dado el avance del nazismo en Hungría, escapó a París, donde trabajó haciendo foto fija en películas y firmó sus primeros reportajes para Agence Photo, series sobre mercadillos callejeros y cafés en las que persiguió capturar lo que denominaba “el insólito cotidiano” dando a los objetos tanto valor como a las personas y empleando un agudo sentido del humor, sobre todo en las historietas que firmó a medias con el dibujante surrealista alemán Wolfgang Burger en las que humanizaron a frutas y verduras para hacerlas protagonistas de historias de amor o parábolas políticas.

Cada vez más comprometida con los ideales anarquistas, en 1937 viajó a España para retratar la situación de los pueblos colectivizados de Aragón por encargo de la Confederación Nacional del Trabajo, la poderosa central sindical ácrata. En julio del mismo año entró como redactora en la revista Umbral: Semanario de la Nueva Era, una de las mejor diseñadas y con más atención a la fotografía de aquel tiempo, y también colaboró con las publicaciones anarquistas Tierra y Libertad, Tiempos Nuevos y Mujeres Libres.

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