La inflación y el euro

La inflación ha cerrado el primer mes del año con la tasa interanual en el 2,3 por ciento, la más baja desde 1999. Una muy buena noticia para la economía española, ya que mejora uno de sus puntos débiles, al estrechar el diferencial con los socios europeos a menos de medio punto, y también una magnífica noticia para el Gobierno, que iniciará la campaña con este «tajo» a la molesta inflación. 
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En plena renovación de convenios colectivos, la contención de los precios restará presión a la subida de salarios, lo que a su vez contribuirá a compensar el efecto negativo que la fortaleza del euro, provoca en la competitividad española.
Esa es la cruz. La cara de esa misma moneda es que el euro fuerte es uno de los factores, junto al efecto de las rebajas de enero, que ha llevado la inflación a registrar tan importante recorte. El hundimiento del dólar reduce la factura energética, creando un colchón contra los incrementos del precio del petróleo. 

La tendencia a la baja que el Gobierno vaticina para, al menos, los dos próximos meses se fundamenta en factores exógenos, ajenos a nuestro esfuerzo económico. Y eso significa que lo que ahora constituye un empujón se puede convertir en un revés si el «billete verde» se revaloriza. Para asegurar el recorrido a la baja del IPC, son necesarias actuaciones concretas. La falta de medidas se nota en el recorrido de otros precios, como el de los alimentos frescos, para cuyas desorbitadas subidas durante el año pasado no se ha encontrado mayor explicación que la de la ola de calor, y eso que estamos en invierno.