La Pobreza en la Era de la Globalización y Pobreza Moral

La Pobreza en la Era de la Globalización y Pobreza Moral

       No he sido muy afín a las explicaciones de la economía y del Estado mediante el materialismo dialéctico. En la lectura de Soria es notorio al principio un uso de lenguaje marxista en contraposición de las políticas de corte neoliberal. Tomo este punto porque desde esta visión se considera que el proletariado debe emanciparse mediante la lucha de clases, y posteriormente crear la “dictadura del proletariado”, lo cual es inviable y no deseable ante una democracia frágil y poco institucionalizada. Lo que detecto, es una explicación sistemática del sometimiento a los obreros ante los intereses del capital nacional e internacional. Donde el Estado ha sido cómplice total y generador de acciones para la modificación de las estructuras sociales con las reformas estructurales.

         La pobreza tiene varias explicaciones desde varios enfoques, de las razones de su existencia, de las variables que intervienen para que esta aumente o disminuya, fuentes de combate. Considero que la pobreza no solo es una mera reacción ante la falta de oportunidades y de acceso a herramientas que permitan que una familia de ser pobre aumente sus niveles de vida. Es decir la pobreza aparte de que puede ser ocasionada mediante políticas económicas excluyentes, también esta situación va ligado a la cultura, a formas de vida, idiosincrasia, a la zona geográfica donde se habite, donde las condiciones no permitan el desarrollo del campo y de la subsistencia.

            Hay una frase que yo destaco del autor Soria, en la que él menciona “la dictadura de la miseria y de la ignorancia”. Y es que es imperante esa condición socioeconómica en la realidad mexicana. Pienso que la “dictadura de la miseria y de la ignorancia” aparte de estar vinculada a procesos históricos, demográficos y culturales, se ha visto violentada e impulsada mediante la exclusión. O sea que estoy de acuerdo con Soria que la tendencia moderna de liberalización de las economías ha dejado en el abandono a sectores de la población que no tienen para llevar un plato de comida a la mesa.

          La idea primordial de “combate a la pobreza” que ha sido slogan de campañas electorales y de discursos demagógicos de bastantes representantes políticos se ha tornado difusa, sin visión, ni aterrizaje. Y estoy en total acuerdo en que parte del presupuesto federal se destine al combate a la pobreza. ¿Y qué sucede? ¿Por cuál razón han sido intentos frustrados y fracasos constantes rescatar de las filas de la pobreza a decenas de millones de personas mexicanas? Ante esta interrogante comparto la afirmación de Soria que los gobiernos respectivos han sido obedientes a los programas impuestos por organismos internacionales, para combatir la pobreza. Asesorías internacionales que han venido desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, para decirnos como hemos de combatir a la pobreza, como si se tratara de una receta médica, y donde el resultado ha sido raquítico. Yo mismo recuerdo en el periodo de Zedillo como estaba el PROGRESA (Programa de Educación, Salud y Alimentación). Este programa permitía a familias de bajos recursos asignarles en ciertos periodos una despensa bien surtida y cantidades de dinero, tuvo su impacto positivo, pero lo curioso es que eso no ayudó a disminuir la pobreza, es más, los pobres siguieron en aumento.

           Mi primera impresión de la poca funcionalidad de los programas sociales para combatir la pobreza en México va en concordancia con lo que dice Bustelo en el que sostiene que “el asistencialismo es una política destinada a construir una relación social de dominación para generar una cultura política de dependencia de <<asistidos>> del Estado, de los políticos y/o <<generosidad>> de los ricos”. No se han atacado los problemas de la pobreza de raíz, solo se las ha dado ayuditas en son de caridad, pero sin generar una cultura de ciudadanía que les permita salir de esa exclusión que los mantiene aislados de toda la estructura social.

       Opino que la pobreza moral es de lo más devastador que pueda uno percibir en la sociedad. La desideologización de la juventud se ha transformado en una construcción de intereses personales que van en torno a la satisfacción personal, a la búsqueda del bien individual sin tomar en cuenta el bien público. Y pienso que si la juventud no se da cuenta de eso pronto, en el futuro se verá más desolador, porque las decisiones que hoy tomaremos, y las decisiones que los políticos y empresarios tomarán en este presente, nos perjudicarán en el futuro y al de nuestros hijos. Esta misma forma de pensar donde el individualismo está en la cima, va ligado con la creación de nuevas tendencias de vida en la era moderna, el capital ordena, el interés monetario y el desapego de las cuestiones sociales.

         Como entes sociales y colectivos, ¿cómo hemos de olvidarnos de los más desfavorecidos que también forma parte de este país? La moral en política se ha visto deteriorada por la ideología neoliberal de corte individualista, donde se supone que “si yo voy por mi bien personal, y todos vamos por nuestros intereses personales, habrá un beneficio general y social”, nada más anti-científico y dogmático que eso. No creo que se tenga que crear una ola de “conciencia de clase” al estilo marxista, sino más bien de conciencia social, en el que se recuerde que hay un Estado que ha usado a las masas de personas pobres para mantener clientelismos, a favor de partidos en visión de obtener sus votos en algún futuro, ya que supuestamente esta gente marginada debe “agradecer” porque les dan ayudas sociales, a sabiendas de que los recursos deben ser distribuidos, porque ese es el trabajo del Estado.

         No deja de llamarme la atención como las clases altas y bien posicionadas se escandalizan de la disolución social, de la delincuencia, de la decadencia y destrucción de los núcleos familiares, cuando estos mismos han olvidado su papel de entes políticos. Es decir, las clases altas en aras de mantener la comodidad y en contubernio con el individualismo se han alejado de los otros sectores de la sociedad, en los cuales habitan millones de trabajadores asalariados, con sueldos de hambre, sin prestaciones de ley y en el que no les alcanza para mantener una familia.

           Si la clase alta tiene los medios de producción, el capital, los recursos, y los obreros son la fuerza de trabajo, ambos forman parte de todo el movimiento económico que le da sentido a la interacción de intercambio de bienes y servicios. Se necesitan ambos, ¿por qué no se ha de forjar la politización de las clases más bajas, acercarlos a condiciones mejores de vida? El trabajo mejor remunerado sería uno de los pilares. Y no solo el beneficio material, sino también cultural, político, artístico. Es decir, crear un ciudadano con conciencia de ciudadanía, que como comenta Bustelo que “la pobreza de ciudadanía es no pertenecer a una comunidad en calidad de miembros plenos y, esto es, la exclusión social”. Por ende aspirar a la justicia, esa que permitirá acceder a todos en condición de personas dignas a mejores oportunidades. Pero esto no se logrará por sí solo, sino con la participación de la estructura social y con el papel importante del Estado.

        Coincido que es amoral “…considerar a la pobreza aislada de la distribución total del ingreso y la riqueza de una sociedad determinada” (Bustelo, 1999). Y es amoral que ciertos sectores de la sociedad sientan disgusto porque se exige el Estado que simplemente cumpla su papel como garantizador de los derechos estipulados en la Constitución. Es necesario recobrar la utopía de la justicia social, el pensamiento de “sí puede”, la idea del valor de la moralidad de lo público, hacer frente a los efectos de la globalización económica que ha atentado sobre todo a las clases sociales bajas y medias. Todos formamos parte del mismo país, que mejor que trabajar en conjunto para obtener la nación que todos merecemos y que queremos dejarle a nuestros hijos y a las próximas generaciones.

Javier Valdivia

Bibliografía

Martinelli, José M. (2002). Políticas públicas en el nuevo sexenio. México: Plaza y Vades, UAM-I.

Bhattacharjea, S. (1999). Infancia y Política Social. México: Unicef-UAM-I.