LAS BALANZAS FISCALES Y LOS CURRITOS

Parece que la publicación de las balanzas fiscales por parte del Ministerio de Hacienda, o del de Economía, que tanto da, está generando un debate que es, a todas luces, falso.

El problema no es cuánto se recauda, que también, sino quién paga lo que se recauda. Por ello el artículo de Ignacio Camacho en ABC viene que ni al pelo para que cada uno de nosotros nos demos cuenta de hasta qué punto este Estado y estos gobiernos nos tienen sableados por el simple hecho de vivir en España. Lean extractos del mismo:

[…]

Tres millones y medio de españoles soportan el 56 por ciento del IRPF. Una balanza algo desequilibrada.

El funcionario, el profesor, el médico, el abogado, el pequeño empresario, el cuadro profesional medio, el agente de seguros o el ingeniero técnico tienen derecho a saber qué parte de la factura pública están sufragando.

Aunque descubran que además de sostener su cuota justa de las infraestructuras y de los servicios básicos están abonando la prejubilación del intruso en un ERE, la gasolina de un coche oficial, la línea de internet de un congresista o el sueldo completo de un enchufado.

Un querido colega andaluz, Javier Caraballo, suele decir que en el período de la declaración de la renta se hace la idea de que está apadrinando a un inútil o a un corrupto incrustado en el sistema, cuyo coste tendrá que asumir con el 30 o el 40 por ciento de su salario. Se trata de un ejercicio más gráfico que el de comparar unas autonomías con otras, y bastante menos abstracto…

Y al final la dichosa balanza siempre pesa a los mismos aunque cada vez estén más delgados.

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Respondan ustedes ahora: ¿Qué quieren decir Bruselas y el FMI cuando piden reformas profundas? Pues si no lo saben, quieren decir que se desmonte la estructura bastarda de “lo público”, como pregona la izquierda y es incapaz de desarticular la derecha en el poder.

Eso, aunque no lo parezca, restablecería muchos equilibrios en las balanzas, cualesquiera que sean y a quienes se apliquen.