Los bucles de la ideología chavista Parte I

En la historia de la humanidad son muchos los hechos que han producido que la individualidad comience a dispersarse de forma masiva, pero las posibilidades de que esto ocurra son solo bajo una ideología muy fuerte e irracional que sea capaz de brindar un sentimiento de identidad al que no la posee, en nuestros registros  solo los fenómenos políticos y religiosos han sido capaces de generar semejante impacto.

Un claro ejemplo es Venezuela, país que atraviesa una de las mayores crisis económicas, sociales, y políticas de su historia reciente, cualquier persona que indague algún indicador y/o medición Venezolana, publicada por organismos nacionales o internacionales podrá darse cuenta que los números no responden a circunstancias normales. Sin embargo,  es alarmante observar como los simpatizantes del chavismo continúan describiendo un país que no puede sustentarse con ningún argumento objetivo, es decir, una realidad que no existe.

Esta alarma obliga a indagar un poco más en los hechos, si se estudia el auge del chavismo como movimiento político, es evidente que, su acelerado crecimiento fue apoyado principalmente en el desarrollo y proliferación de un marco ideológico poderoso que se adaptase perfectamente a las necesidades psicológicas y culturales de la sociedad Venezolana. Esta estructura ideológica ha cumplido cabalmente con los conceptos científicos del “populismo”,  condimentado obviamente con adaptaciones discursivas y simbólicas a la idiosincrasia Venezolana. Un populismo con características religiosas, que profesa una cosmovisión en la cual la sociedad es percibida como una unidad, homogénea e indivisible, y que, las manifestaciones individuales y el tejido social deben someterse a los valores colectivos o comunitarios que son dictaminados por la intervención estatal. En este sentido, esta capacidad inverosímil de describir un país inexistente por parte de los simpatizantes del chavismo  la he atribuido a “bucles ideológicos” profundamente estudiados y posteriormente  arraigados y alimentados por condiciones externas e institucionales favorables para su desarrollo. Un bucle en  programación es una serie de ordenes repetidas de forma indefinida hasta que las condiciones establecidas dejen de cumplirse, algo que solo tiene un origen y un fin que jamás podrá excederse a sí mismo, esta característica es lo único capaz de describir a la ideología chavista. Al observar y escuchar la Venezuela actual veo como las conductas y el discurso que históricamente nos caracterizó  como país se ha diluido, se ha perdido nuestra “Venezolanidad” víctima de un fenómeno político que ha arropado nuestras vidas,  la individualidad se ha escondido, el discurso, y los sentimientos sociales se han estandarizado acomodándose a la ideología chavista. Así, escuchando el discurso de los representantes de esta ideología y aún más de sus seguidores observamos las mismas características y un ciclo infinito de repeticiones, por lo cual he identificado cinco estructuras de interpretación de la realidad que definen los bucles de la ideología chavista, podemos escucharlos hablar durante horas, argumentar incansablemente, pero solo hay algo que define su discurso, y es que siempre las ideas parten del mismo esquema de razonamiento ideológico.

Los cinco bucles:

1. Primer bucle, “La idealización del líder”: El discurso está caracterizado por una fuerte “idealización del líder”. Se admira sin conciencia con una gran carga emotiva atribuyendo elevadas cualidades humanas, utilizando términos de grandeza y hasta mesiánicos para referirse a él (“el protector”, “el líder supremo”, “comandante eterno” “hijo de Chávez”etc.). Todas estas expresiones están orientadas a sostener las virtudes atribuidas. Esta acción irracional se sostiene en el tiempo por la negación rotunda de hechos que no correspondan con las características idealizadas aún ante evidencia empírica que demuestre lo contrario, esto se logra con el ejercicio constante de justificar los aspectos negativos afirmando que corresponden a terceros (“El imperio”,” el sabotaje opositor”, ”los burgueses” etc). Así pues, progresivamente la interpretación de la realidad se reduce a los límites permitidos por la idealización, ya que salir de ellos pondría en riego  la propia identidad que finalmente termina confundiéndose con los aspectos ideológicos. Esta característica es fundamental para el pensamiento populista, el personalismo, el carisma del líder permiten generar esa sensación de unidad y de comunidad homogénea en  la cual el “pueblo” y el “líder” son uno.

2. Segundo Bucle, “La satanización de lo diferente”: Todo populismo necesita un enemigo, un ente perverso que desee dañar al “pueblo” para perturbar la homogeneidad de la comunidad y el orden natural de las cosas, en respuesta a esto, el rol del “líder” es proteger a la sociedad y guiarla por el camino de la soberanía y la devolución de la autonomía secuestrada por los entes malévolos. Esto se evidencia  en las palabras utilizadas para definir toda posición distinta a la Chavista (“Apátrida, majunche, especulador, imperialista, escuálido etc). Estas expresiones viscerales instauradas desde el inicio del movimiento ideológico tiene la firme intención de  responsabilizar a otros por los aspectos negativos existentes, sin existir una discriminación racional, sino únicamente una generalización hacia todo lo que represente una propuesta distinta. Para sostener esta idea se ha utilizado un discurso asociativo, relacionando lo distinto con eventos desagradables (guerras, crisis económicas, etc.) del pasado o el presente. De esta forma todas las propuestas son satanizadas afirmando que significan el retorno o la llegada de estos eventos. Esta característica de “satanización de lo diferente” por medio de la asociación, ha sido la mejor herramienta por despertar el miedo histórico de las situaciones recordadas, causando el nivel de parálisis e inflexibilidad mental necesaria para desestimar cualquier posibilidad de cambio.  El punto anterior denominado la “idealización del líder” permite asimilar con gran facilidad este tipo de planteamiento, reduciendo aún más las posibilidades de un razonamiento fuera del marco ideológico.

3. Tercer Bucle, “desfragmentación de los hechos”: El discurso está caracterizado por la “desfragmentación de los hechos”, esto se evidencia en el ejercicio constante de resaltar acciones positivas de forma permanente atribuyendo un nivel de impacto inexistente, exacerbando la posibilidad real de cambio e influencia social. Este acto se sostiene en el tiempo sobre los pilares ideológicos mencionados en los bucles anteriores, lo particular de este hecho es que las intervenciones gubernamentales se perciben como la suma de distintos hechos aislados que produce un resultado, para la persona inmersa en la ideología chavista es imposible concebir una percepción sistémica y global de la situación del país, nuevamente para evitar encontrarse con la oscura realidad del fracaso. La acción de desfragmentar los hechos permite evitar la percepción de incoherencias objetivas, es decir, unir un dato positivo con otro negativo pondría en contradicción los valores ideológicos, los cuales no guardan concordancia si se observan como un sistema. Un claro ejemplo es el estado de las carreteras y  los servicios públicos, cuya administración es responsabilidad total de los entes gubernamentales

4. y 5. Cuarto y Quinto Bucle; “La justificación ilimitada” y “la esperanza infinita”: La cuarta característica contempla dos factores fuertemente relacionados la “justificación ilimitada” y la “esperanza infinita”. Es necesario aclarar que son interdependientes y que estos esquemas interpretativos de la realidad particularmente dependen de una fuerte presencia de las anteriores. Cuando me refiero a la “justificación ilimitada” hablo de la capacidad inverosímil de despojar al gobierno de cualquier responsabilidad en cuanto al desempeño de todos los actores del país administrados por el Estado, disminuyendo sus capacidades y colocándole como víctima frente a entes perversos que intentan hacerle daño. Este punto permite el nacimiento de la “esperanza infinita” la cual consiste en resaltar una lucha constante del gobierno frente a los entes malévolos que pretenden disminuir su gestión, la combinación de estas origina un juego perverso en el cual el gobierno chavista disminuye su rango de acción (aún con todos los poderes públicos) para luego erigirse como el salvador.

Eso sí,  la salvación requiere de  mucho tiempo porque nunca puede llegar, esto permite una gran maniobra que es la presencia del fenómeno de una campaña electoral constante, todas las campañas electorales tienen como objetivo la venta de esperanza, la venta de un futuro mejor, en este sentido la relación justificación- esperanza permite mantener con vida  este sentimiento en la población. Con el mensaje perpetuo  de que el estado siempre está trabajando para ofrecer un mundo mejor y ser héroe en la lucha contra los saboteadores. La evidencia de esta características existe en la génesis de la campaña de 1998 cuando el discurso anti-imperialista cobraba vida, sobre este eje se desarrollaron las bases de un aparato ideológico dominante y carente de resultados. Actualmente observamos esta característica en la relación guerra económica- Ofensiva económica todo el discurso que gira entorno a estas denominaciones coincide claramente con las descripciones mencionadas anteriormente.

Se debe destacar que ante la profundidad de la crisis estos bucles se han ido debilitando, por lo cual paulatinamente estas características irán desapareciendo para permanecer únicamente en los fanáticos, ya que, el mantener una ideología que no coincide con la realidad genera un desgaste psicológico insostenible. Asimismo, es importante resaltar que, con la llegada de Maduro se ha aplicado otro bucle, que sera ampliado en la segunda parte del articulo por marcar la mayor contradicción vista hasta ahora, y haber logrado separar de forma irremediable los dos núcleos de apoyo del gobierno: El soporte institucional y el soporte ideológico, hasta el punto que las divisiones existentes en la oposición Venezolana se han transformado en la representación de la separación gubernamental. Mientras llega la segunda parte:

¡Que alguien mencione un diálogo chavista que no cumpla con estas caracteristicas!

Por: José Jiménez