Mediación para salvar empresas

 

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“El elevado riesgo de morosidad y la extrema dificultad de financiación empresarial coexisten con la altísima prevalencia de la litigiosidad para la resolución de conflictos derivados de la actividad empresarial y económica y que va en detrimento de otras fórmulas que podrían generar ahorros y soluciones más ventajosas para el bien común”. Así empieza un artículo publicado en ‘Cinco Días’ donde Eduard Soler, decano el Col·legi de Titulats Mercantils i Empresarials de Barcelona, reflexiona sobre la figura del mediador concursal.

De acuerdo con Soler, la figura del mediador concursal se sitúa con la introducción de la Ley 14/2013 de Apoyo a los Emprendedores y su Internacionalización y que ha conllevado también una modificación de la Ley Concursal. Así, es loable “la pretensión del legislador que habilita un nuevo mecanismo extrajudicial para una mejor resolución de los conflictos empresariales derivados de situaciones de insolvencia o iliquidez empresarial”.

Eduard Soler recuerda que “ser abogado, economista, titular mercantil o censor de cuentas con cinco años de ejercicio profesional, disponer de formación en materia concursal y haber realizado 100 horas de formación efectiva sobre mediación son los requisitos para poder ejercer como tal”. Y apunta que “apostar por la mediación se enmarca en la tendencia actual de resolver conflictos entre las partes antes de llegar a los tribunales de justicia, como ya ocurre en los países anglosajones, y lograr un acuerdo extrajudicial de pagos”. Y de esta forma, añade Soler, aumentar el número de empresas que se salvan de la liquidación al acelerar los plazos del proceso y primar la negociación para alcanzar un acuerdo.

La mediación concursal también se ve influida por el nuevo Real Decreto-ley 4/2014, de 7 de marzo, de Refinanciación y Reestructuración de Deuda Empresarial.

Aunque el impacto de la mediación concursal es tan difícilmente cuantificable a priori como positivo en su plano teórico, el decano Col·legi de Titulats Mercantils i Empresarials de Barcelona, defiende que “hay que tomar en consideración un elemento también incuestionable: en nuestro país la mentalidad imperante considera todavía la vía judicial casi como la única opción válida para resolver los conflictos planteados y contempla cualquier otra opción como residual. Por tanto, se requiere un cambio cultural de calado”.

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