Mentiras que se hacen verdad

¿Es lo mismo llegar y pedir por favor el uso de una pluma a simplemente arrebatarla de la mano? ¿Es lo mismo solicitar autorización para entrar a tomar agua a una casa, que brincarse la barda, agarrar el líquido y dejarlo corriendo provocando que todo se moje? ¿Es lo mismo decir “me disculpo anticipadamente pero no puedo hacer lo que me requieres” a “ten lo que pediste, deja de estar fregando” mientras se avienta un objeto?

Con mucha seguridad, una mayoría calificada de lectores preferirá la primera de las opciones señalada en cada pregunta derivado de una simple lógica: en el pedir, está el dar.

Específicamente en el ámbito de la concurrencia y coordinación entre órdenes de gobierno, se percibe un cambio en modos y formas de afrontar los problemas sociales mediante las relaciones políticas. Un antes y un después de 2012 sumamente marcado.

Se debe recordar que, jurídicamente, en nuestro país vivimos bajo un régimen de competencias. Cada autoridad debe hacer lo que la ley le ordena. Entre Federación, Estado y Municipio no hay una relación de supra a subordinación, simplemente cada quien atiende los asuntos que se señalan en las leyes. Igualmente, entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial, no existe constitucionalmente una jerarquía, sino que cada uno de estos poderes realiza las funciones que les fueron asignadas por el Constituyente.

No es una cuestión menor.

De 2006 a 2012, parece que se ignoró lo anterior en forma intencionada. Y digo que fue a propósito porque el gabinete se compuso de abogados egresados de escuelas de Derecho de gran renombre a nivel nacional e internacional que dudo hayan desconocido estas reglas, pero que siempre vendieron la idea de una responsabilidad subsidiaria o alterna en relación a muchos temas, incluido el de los delitos federales. Es decir, se exhibía una supuesta ineficiencia de autoridades en temas que correspondían a otras. Algo así como culpar al portero porque su equipo no metió goles.

Un Estado Democrático y de Derecho implica ejercer las facultades que se otorgan por la Constitución y las leyes. No ir más allá de lo que éstas permiten y, por supuesto, tampoco ignorar las que sí son asignadas.

A partir del 2012 se dejó la actitud imperante de confrontación y se optó por dejar por un lado el discurso de la subsidiariedad inexistente y asumir las obligaciones legales que a cada orden corresponden.

Tan grande fue el bombardeo que una de las cosas que se deben recomponer es la idea errónea sobre las facultades que cada autoridad ejerce, porque lamentablemente una mentira repetida 1000 veces se hace realidad.

No es dejar de hacer, ni aplaudir lo que no lo merece. Solamente que cada quien tiene que hacer lo que le corresponde.

A OJO DE BUEN CUBERO

Mi más respetuoso y sentido pésame a la familia y amigos de Ramiro Higuera. Descanse en paz.

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