Mujer culpable (II)

Jimena_ Perfil Casi literal

Históricamente a la mujer se le ha asignado una serie de responsabilidades que la han vuelto culpable, incluso, hasta de guerras perdidas, “por no educar buenos hombres para la batalla”, sin embargo siempre se le ha pedido que desarrolle su labor dentro de los parámetros de la buena conducta y la etiqueta.

El mundo ha cambiado, la sociedad occidental ha dado grandes transformaciones y avances en materia de los derechos del género femenino, los cuales también son visibles en América Latina. A pesar de ello, en nuestra pequeña, diminuta y casi asfixiante sociedad guatemalteca aún escuchamos comentarios y opiniones sobre cómo la responsabilidad para solucionar el caos en el que vivimos recae en la mujer: la mujer esposa, la mujer madre, la mujer trabajadora, la mujer estudiante, la mujer acompañada siempre. Y esto hasta resulta paradójico, pues se espera un gran compromiso de su parte pero también una actitud de sumisión y necesidad de protección masculina.

Vemos, pues, una serie de exigencias que recaen todas sobre hombros femeninos; ser tutora, responsable de los hijos y del hogar, ser bella, lista y astuta, buena administradora, fiable y amable, de buen ver pero siempre sencilla y poco exigente, encargada de transmitir los valores sociales y con ellos garante del buen camino de la sociedad y del país, pero a pesar de ello se sigue relacionando lo femenino con lo negativo, con lo débil y con la burla.

Las descripciones de la mujer como psicológicamente inferior e incapaz de controlar sus pasiones no hicieron sino reforzar su diferencia y motivaron que se empleara la feminidad como metáfora para describir a razas marginadas.

(Gilman, 1993; citado por Bárbara Caine y Glenda Sluga)

La mujer ha sido educada dentro de este sistema patriarcal que pretende mantenernos domesticadas, acostumbradas a pedir perdón por ser nosotras mismas, por gritar, por reír, por salir de noche, por tener orgasmos y por tomar nuestras propias decisiones poniendo como lo más importante nuestra propia felicidad.

Considero que la clave está, posiblemente, entre muchos otros aspectos, en desarrollar en las nuevas generaciones de mujeres a mentes críticas y analíticas que identifiquen los patrones de conducta impuestos y tomen la decisión de forma clara y personal sobre qué, cómo y de qué forma conducir su vida.

¿Quién es Jimena Minaya?