No hay duda: ¡quieren esclavos!

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Desde hace ya tiempo que muchos apuntan hacia la idea de que la actual crisis económica ha sido un gran montaje internacional para acabar con un estado del bienestar demasiado igualitario. ¿Qué es eso de que todos podamos ir de vacaciones a Cancún o Bali? ¿Cómo es posible que el hijo del más rico empresario comparta aula con los de sus trabajadores? Esto ya llegaba a niveles intolerables y había que frenarlo de alguna manera. Entonces, alguna mente pensante recibió la luz divina y reflexionó: si metemos miedo a la gente, si los asustamos de verdad con una crisis sin precedentes, volverá cada cosa a su sitio, los obreros a la fábrica y los patronos al Club.

Todo esto era una especie de teoría poco aceptada y nunca reconocida, pero en los últimos meses, parece que a muchos se les está cayendo la careta. Los adalides del capital y el trabajo en precario ya lo dicen a los cuatro vientos, y no se cortan un pelo. Dicen sin pestañear que los jóvenes “que no sirven para nada” merecen que se les baje el salario mínimo o que lo que hace falta para encontrar trabajo es “vocación de servicio”. Juzguen ustedes mismos, pero a mí esta tipo de cosas me asustan. ¿Vocación de servicio? Pues vaya, resulta que ahora el servilismo es una cualidad necesaria a incluir en el currículum, lo que no sé es si ponerla antes de “tengo coche propio” o después de “total movilidad geográfica”. Probablemente habrá que crear un nuevo apartado: “me gusta que me den por culo”.