Palco de Prensa

descargaLos pactos oscuros.
Por : Gilberto LAVENANT
Tratando de equilibrar un poco las cosas, en tanto que se le vino encima una avalancha de acusaciones y sospechas, respecto a presuntos malos manejos de su administración, el exalcalde Carlos Bustamante Anchondo sacó “trapos sucios” de rivales políticos, para evidenciar que otros también hicieron cosas indebidas y que nadie los cuestionaba.

Esto fue el jueves 15 de mayo, a partir de las 11:00 de la mañana, en el hotel las torres de Agua Caliente. Bustamante iba preparado, para estallar una bomba política. Acusó a Eligio Valencia Roque, propietario del periódico El Mexicano, de estar desarrollando una campaña para desprestigiarlo. Por lo tanto, quiso pagarle, con la misma moneda.

Nadie sabía exactamente, qué pasaría, pero presumían que sería algo fuerte. El exedil había venido siendo el protagonista principal de notas de ocho columnas, relativas a presuntas irregularidades de su gestión administrativa. En especial, el asunto del absurdo arrendamiento de las luminarias de Tijuana.

Había “casa llena”. Los reporteros se aglomeraron, ansiosos, en espera de escuchar las tronantes declaraciones de Bustamante Anchondo. Y ocurrió, lo que nadie imaginaba. Se lanzó duro contra el propietario de El Mexicano, acusándolo de estar realizando campaña de desprestigio en su contra.

Para tratar de estar parejos, proporcionó a los periodistas presentes, copias relativas a constancias mediante las cuales el dirigente cetemista, realizó operaciones oscuras, con el exalcalde panista Jorge Ramos Hernández, para que le autorizara permisos para vendedores ambulantes, así como para instalar mercados sobre ruedas en varios puntos de la ciudad.

Explicó, de manera especial, que los problemas entre él y Valencia Roque, se originaron, porque no le reconoció un contrato de servicios, en atención al cual Ramos Hernández enajenaría, en favor de la empresa editora de El Mexicano, un valiosísimo predio, con superficie de 8,390.66 metros cuadrados, ubicado en el fraccionamiento Las Villas de Tijuana, en la Delegación Municipal de San Antonio de los Buenos.

El servicio que le proporcionaría Valencia Roque al Ayuntamiento encabezado por Ramos Hernández, consistiría en : “Trabajos de edición, impresión y circulación de 245,000 ejemplares de un periódico de 32 páginas, a cuatro tintas, y vuelta, sobre papel News, tamaño final standart, así como 45 millares de encartes y el reparto, distribución y circulación de 200,000 ejemplares del periódico, en colonias de la ciudad de Tijuana, Baja Cfa, así como los insumos necesarios para esta tarea”. Esto, por un monto de 7 millones 887 mil 225 pesos.

El problema, es que los protagonistas de este “pacto oscuro”, Ramos Hernández y Eligio Valencia, no cuidaron los tiempos, ni las formas. El contrato lo celebraron el 21 de octubre de 2010, o sea un mes antes de que concluyera la gestión del XIX Ayuntamiento, encabezado por el panista.

Resultaba absurdo e ilógico, que celebraran un contrato, que sin duda alguna no alcanzarían a cumplir en los días restantes de Ramos Hernández como Alcalde. Por una parte, porque nadie paga de manera anticipada, un servicio aún no prestado. Ramos se comprometió a dar a Eligio, en pago del servicio, el ansiado predio.

Tan apresuradas fueron las cosas, que al 30 de noviembre de 2010, Valencia Roque no había cumplido con el servicio que se comprometió a prestar, mediante el contrato celebrado con Ramos Hernández, 40 días antes, o sea el 21 de octubre.

En cambio, Ramos puso a operar la maquinaria municipal, a toda prisa. La verdad, no le interesaba si Valencia Roque proporcionaba o no el servicio pactado, sino que fuese benévolo con él, periodísticamente hablando, cuando concluyera su gestión.

Para nada le importó, al entonces edil, que Valencia Roque fuese Regidor del XIX Ayuntamiento y por lo tanto estaba impedido, legalmente, para celebrar contratos con el gobierno municipal. Sobre todo, porque indebidamente lo celebró, por adjudicación directa, cuando que, en todo caso, debió haber mediante licitación pública.

La tramitología, para dar en pago a Eligio, el predio materia de la operación, fue algo así como los últimos minutos de una final de campeonato. Donde un jugador pasa el balón a un medio, este a su vez la coloca en el extremo derecho, en tanto que el extremo izquierdo se coloca en el área chica y listo para recibir el esférico, para, de bote pronto, tirar a gol.

El 18 de noviembre del 2010, Ramos Hernández, solicita a la Comisión Estatal de Avalúos, que determinara el valor del predio. 7 días después, la Directora de dicha institución, le responde que ya se determinó el valor, pero le hace saber que el avalúo será aprobado formalmente en la sesión del 30 de noviembre, precisamente el día en que Ramos concluía su gestión. Ni de chiste lo recibiría, ya aprobado, para proceder a la enajenación.

El 26 de noviembre de 2010, fue intenso. El Comité de Adquisiciones del Ayuntamiento, aprobó el celebrar el contrato de prestación, celebrado el 21 de octubre. El Director de Relaciones Públicas y Comunicación Social, Alvaro Avila Vázquez, solicita al Oficial Mayor, Mario Alberto Martínez Castillo, realice los trámites para adjudicar el predio a favor de la empresa editora de El Mexicano. A su vez, el Oficial Mayor, ese mismo día, remite el expediente técnico al Secretario General de Gobierno, Raúl Corona Sesma, para que solicite la desincorporación del dominio público al privado, a fin de darlo a Eligio, en pago por el servicio pactado.

Sin embargo, que se sepa, salvo prueba en contrario, no alcanzaron a obtener la aprobación por parte del cabildo. Podría decirse que “el árbitro silbó el final del partido”. Irónicamente, Editorial Kino, S.A. de C.V. ya no es la editora de El Mexicano. Ahora es Tenedora Ecoli, S.A. de C.V. El contrato con Ramos Hernández, quedó simplemente como ejemplo de uno de los pactos oscuros, que se dan en la administración pública.

gil_lavenants@hotmail.com