Palco de Prensa

Los resignados.

Por : Gilberto LAVENANT

Cuando se presenta una desgracia, algo irreparable o que no está al alcance su rectificación, como por ejemplo el fallecimiento de una persona, o incluso en el ámbito político, una decisión centralista, absurda y aberrante, lo único que queda es la resignación.

Resignarse, es aceptar que las cosas no volverán a ser como antes. Que resulta inútil patalear o llorar. Que hay que “hacer de tripas corazón” y simular una vida normal. Hacer como que no pasa nada.

Es sumamente difícil, aceptar que alguien, con quien hubo un distanciamiento, meramente circunstancial, ya fallecido, no habrá oportunidad de aclarar las cosas, de pedir perdón o el ofrecer disculpas. Duele bastante.

Claro, también duele la ausencia de alguien sumamente querido. Quedan simples recuerdos y el remordimiento de no haber disfrutado mejor la relación. El no haber hablado de muchas cosas y el no haber aprovechado cada instante de vida. Como dicen, ya ni llorar es bueno.

Sin embargo, hay casos, en que, aunque ninguna de las partes en conflicto haya fallecido, y pese a que las posiciones de las partes siguen siendo las mismas que provocaron el rompimiento o distanciamiento, no caben las disculpas, ni las pretenden, pero una de las partes, la derrotada tiene que tragarse su coraje, sus señalamientos, en silencio, y hacer como que si no hubiese pasado nada. A eso también se le llama resignación.

Eso fue lo que ocurrió entre los priístas bajacalifornianos, durante el pasado proceso de renovación de dirigentes estatales. Fueron muchos los priístas que, como organización, o en lo individual, se manifestaron en contra de la imposición de la exlegisladora Nancy Sánchez Arredondo.

Supusieron, que si se mantenían firmes en su posición opositora, finalmente la dirigencia central rectificaría en sus intenciones, de llevar a cabo la imposición. Se dijeron muchas cosas. Que querían un cambio. Que el PRI en la entidad había estado secuestrado en los últimos años. Que Nancy era castrotrentista.

Hubo varias cartas en tal sentido. Reclamaban, que se garantizaran los principios de equidad, imparcialidad y transparencia, indispensables para que fuese un proceso democrático.

Incluso, se manifestaron en contra de que surgiera una “planilla de unidad”. Exigían que se le respetara a los priístas bajacalifornianios el derecho de elegir a sus dirigentes. Que no se los impusieran desde el centro del país. Advertían las voces discordantes, que si insistían en la imposición, eso se reflejaría en los próximos procesos electorales.

Pero la imposición se llevó a cabo. La controversial priísta, que ha agarrado pleito contra todo aquel que critica las reformas estructurales del Presidente Enrique Peña Nieto, avalada por el CEN del PRI, es ahora la dirigente formal del priísmo en la entidad.

Los priístas, que se oponían a la imposición, y que presagiaban negros nubarrones por tal osadía, hoy, simplemente han guardado silencio. Se han tenido que resignar, a sabiendas que “ya ni llorar es bueno”.

Abrazados al argumento de la institucionalidad, los rebeldes guardaron sus armas –léase argumentos- y tienen que reconocer, que Nancy Sánchez es su dirigente estatal y que, donde manda capitán, no gobierna marinero.

Ahora, haciendo gala de disciplina partidista, los priístas están obligados a no hacer expresión alguna, que vaya en contra de su dirigente estatal. Incluso, a recibirla con honores, en las reuniones de sus organizaciones, y aplaudirle a rabiar. Como si realmente fuese un orgullo, que Nancy sea su dirigente. Incluso, hasta quienes fueron sus contrincantes en la contienda interna.

En días pasados, en una entrevista para un programa televisivo, Sánchez Arredondo comentó, que hay una conciliación con los otros priístas que aspiraron también a la dirigencia estatal, y aseveró que ahora están colaborando muy bien, incluso que alguno es de sus asesores. “Quiero decirles –dijo- que quienes aspiraban, se están convirtiendo en un gran apoyo. Los necesito, porque son muy necesarios”.

A propósito, los exaspirantes a la dirigencia estatal priísta, Carlos Murguía, Carlos Barboza y José Osuna Camacho, acudieron, como invitados especiales, a la reunión sabatina del Grupo Político Jesús Reyes Heróles, que encabeza Francisco de la Madrid Romandía.

Parecía interesante, escuchar sus comentarios respecto a la frustración de sus intenciones de llegar a la dirigencia estatal, ante la imposición de Nancy Sánchez. La verdad, ni abrieron la boca. Pero ocurrió algo, casi insólito. En silencio, recibieron un reconocimiento, por haber sacrificado sus pretensiones personales, en aras de la unidad priísta. Los felicitaron, por haberse resignado.

Las voces priístas discordantes, callaron. Los rebeldes, doblaron las manos y guardaron sus armas. Todos tienen que aparentar que son una bonita familia, en la que reina la unidad y la armonía. Aunque la realidad sea otra, totalmente distinta.

Evidentemente, tales hechos son una muestra clara, de que la política, sigue siendo la actividad de las simulaciones. La de aprender a tragar estiércol, sin hacer gestos.

Les guste o no, los priístas tienen que reflexionar –como suele hacerlo su dirigente estatal- y reconocer que salen sobrando los aspavientos, si al final de cuentas, la disciplina partidista les obligará a aceptar “con gusto” hasta las imposiciones centralistas de sus propios dirigentes.

La resignación, es ahora otra cualidad o condición para ser priísta. A fuerzas.

gil_lavenants@hotmail.com