Para no caer en la trampa…

Si al entrar en una “panadería” ves en el mostrador o en la trastienda un horno eléctrico, de esos para calentar baguetes precocidas (se diferencian porque lleva dentro una especie de canales), es muy probable que en este establecimiento no vendan pan, sino algún sucedáneo que lleva ese nombre.

Si el local en cuestión parece que se ha gastado mucho dinero en decoración para que todo parezca campestre y natural, pero que en realidad no lo es, desconfía, puedes estar en una boutique del pan, en la que te pegarán un buen sablazo por un producto mediocre. No al postureo panader.

Cuando en el expositor hay diez o doce de tipos diferentes de panes de frutos secos, semillas, cereales, pasas, cebolla, ajo, perejil o pipas en todas las formas y tamaños imaginables, seguramente la panadería en cuestión no los ha hecho. Los ha comprado por catálogo a una panificadora y se ha limitado a hornearlos.

Se escéptico con lo “artesano”, es una palabra que las panaderías tienden a usar para todo, y muchas veces lo más artesano que tienen son las cajas donde viene guardado el pan industrial.

Si hay un cartel en el que ponga pan de leña, ¡Cuidado! Que el pan esté hecho en leña no significa que sea bueno, y suele ser utilizada como reclamo para incautos con mucha frecuencia.

Si te venden el pan “calentito”, sal corriendo. El buen pan se toma frío; las barras calientes se terminarán volviendo chicle o corchopán a la que baje su temperatura. Al día siguiente estará como una roca.

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