PODEMOS

 

                      Imagen

El 25 de Mayo. Ese día va a ser la primera vez que voy a participar en unas elecciones. Recién cumplidos los 18 años. Y sí, me hace ilusión. Pero no me hace ilusión por el mero hecho de meter una papeleta en una urna, ni de poder decir eso de “he votado” o por participar en “la fiesta” de la democracia… No. En estas elecciones tengo puesta una gran confianza en una formación. Si bien hace 1 año no encontraba algún partido que tuviera la misma ideología que la mía, hoy sí que la hay. Y la hay porque se formo hace tan sólo 4 meses. Mejor dicho, no es un partido político más. Es una iniciativa ciudadana que la hacen l@s ciudadan@s, para l@s ciudadan@s y con l@s ciudadan@s. Y no, no hablo del partido Ciutadans. Hablo de PODEMOS.

Todo empezó cuando vi un debate de política en TV, en el que una persona sentada a la izquierda del plató de debate dejaba callados al resto de contertulios. Y no por faltar al respeto, sino por falta de argumentos para contrarrestar a éste: Pablo Iglesias. Creo que cada vez que hablaba él yo sentía un alivio y orgullo interno por ser representada mi opnión con esa facilidad y fuerza. Pero poco me duraba, pues daban paso a la palabra a Paco Marhuenda, Eduardo Inda o Alfonso Rojo y… me ponía nervioso. “¡Qué le dejen hablar a Pablo Iglesias!” decía yo… Y no es que Pablo defendiera cuestiones inalcanzables, defendía cosas de sentido común: que en nuestro país se apoye la educación pública y gratuita, perseguir a los corruptos y corruptas que manejan el dinero de personas que han ahorrado dinero durante toda su vida, sanidad pública, defensa del planeta, derecho a decidir, libertad, plurilingüismo…

Y dije yo: “Si lo que defiende es de tan sentido común, ¿por que este hombre destaca en los debates respecto al resto de contertulios?” Pues creo que es simplemente porque el resto al fin y al cabo viven muy bien con esta situación e intentan argumentar lo inargumentable.

En este contexto, Pablo Iglesias decidió dar un paso adelante. Sabia que había mucha gente que pensaba como el, y entonces ¿por qué no crear una formación política? Lo hizo. Y saltaron las alarmas. Muchos comentarios de “Este se quiere forrar como el resto”, “Ha caído en la trampa del resto de formaciones” o “ahora ya no me fío tanto de este tipo”. Yo creo que mucha gente pensó esto. En cambio, pasaron los días y yo seguí muy de cerca en qué se basaba este proyecto y que proponía. Me ilusionó. Y a mucha gente también. Pablo dejó muy claro que sólo seguiría adelante si en una semana conseguía 50.000 avales. Al día siguiente de plantear el reto, más de 50.000 personas lo avalaron. El proyecto se presentó como una herramienta para poder convertir la indignación en poder político. Se hicieron unas elecciones primarias a las que se podían presentar cualquier ciudadan@ (sin antecedentes de corrupción y siendo aceptado por un círculo) y en el que podía participar votando cualquier aficionad@ también. Fueron unas elecciones históricas, las más participativas de las elecciones europeas en la historia. Las ganó Pablo, seguido de otros candidatos que eran ciudadan@s normales como el. as redes sociales proyectaron esa ilusión, pues Podemos tiene más de 150.000 seguidores en Facebok y más de 45.000 en twitter.

Y ahora ¿qué? Ahora estamos en campaña electoral en la que Podemos no pide préstamos a bancos ni habla con corruptos para conseguir provecho. Se financia con las donaciones que el pueblo hace. Día a día cada vez más gente sale a la calle a pegar carteles o pegatinas electorales. Todo humildemente.

Y para hacer todo esto hace falta ilusión y ganas de cambiar las cosas. He hablado mucho de Pablo Iglesias, pero Iglesias sólo ha sido una herramienta para darnos a conocer, pero él como todos los demás, formamos parte de un grupo nada pequeño de personas indignadas con la política y falsa democracia actual en la que unos pocos gobiernan para defender sus intereses y no los intereses de los que han permitido que estén gobernando. Muchos me dicen que con un simple movimiento como este no se puede luchar contra la élite de la política. Que no se puede hacer una revolución sin el uso de la violencia. Que no se puede, en definitiva, cambiar la situación actual. Yo les digo que sí podemos, que si no luchamos desde luego que no van a cambiar las cosas. Que podemos unirnos y que podemos ilusionarnos. Porque juntos, PODEMOS.