Un cúmulo de despropósitos

No se lo va a creer, pero si no hubiera sido por la época dorada del ladrillo, Les Deveses (Dénia) seguiría sin colector. Y no porque no hubiera viviendas allí, que las había, sino porque el problema no les hubiera estallado en la cara de la forma en que lo hizo. Si desconoce el tema, es posible que haya pasado una semana aburridita con tanto colector por aquí y por allá, pero le invito a que no se deje llevar únicamente por el asunto del sobrecoste y los imputados. Es más grave aún, creánme.

La historia real es una sucesión casi absurda de despropósitos en el sentido más amplio de la palabra.

Al inicio del nuevo milenio, el equipo de gobierno del alcalde Miguel Ferrer (PP) redactó un proyecto para instalar alcantarillado en toda la zona. ¿Cómo es posible que todavía entonces no hubiera alcantarillado allí? Pues no lo había, pero ese es otro asunto que da para unas ciento y pico columnas, tirando por lo bajo. Redactar, no obstante, no es ejecutar.

Mientras sucedía esto, la Generalitat -ya ven que no nos privamos de nada- y por motivos difícilmente explicables -como todos los demás- anuncia la construcción de la depuradora del Molinell, donde se supone que iban a ir a parar, entre otras, las aguas residuales de dicha zona de Les Marines, las licita (en 2003 sale en el BOE) y, a renglón seguido, es decir, tras las elecciones locales de ese año en las que el PP pierde la Alcaldía, pues va retrasando el inicio de las obras casi sine die.

Ese mismo año, entra la alcaldesa Paqui Viciano (PSPV), que es la que inventa la Gerencia de Urbanismo de Dénia y pone al frente a Juan Frases, al parecer hoy imputado. Además, entra en una especie de diálogo de besugos con la Generalitat -como no tienes la depuradora, para qué voy a hacer el alcantarillado/ como no tienes el alcantarillado, para qué vamos a hacer la depuradora- y aunque impulsa la ejecución del proyecto, se da cuenta de que que las obras no van a estar listas y necesita dar una solución a unos vecinos que habían comprado unos apartamentos en Les Deveses.

Así que se va a buscar a su homólogo de El Verger, Manuel Martínez (Bloc) y en 2006 firman un convenio para que una urbanización en concreto, una, se pueda enganchar al alcantarillado de El Verger hasta que las obras de Dénia -que se licitan- se ejecuten en su totalidad.

Aquí debería contarles ahora el tema de la contratación y el sobrecoste, pero eso es lo que han estado leyendo toda la semana, así que se lo ahorro.

Ese convenio se convirtió a la larga en un coladero, hasta el punto de que sin aviso previo a El Verger, Dénia comenzó a autorizar cientos de licencias de obra con enganches a la red de alcantarillado de este municipio vecino. Pero era más de lo que la red de El Verger podía soportar, y les estalló, literalmente, a finales del verano de 2009, en forma de trapas de alcantarilla saltando por los aires y bajos inundados de lo que no era precisamente agüita fresca y clara, además de un multazo de la CHJ por vertidos de aguas fecales.

A partir de aquí, todo se precipita. El alcalde de El Verger, Miguel González (PP), investiga qué demonios está pasando y se encuentra con el percal en marcha, por lo que mete una denuncia a Dénia, si bien consigue a la larga cierta colaboración de la nueva alcaldesa, Ana Kringe (PP), quien se las ve venir. Pero miren, gracias a ello, se dan prisita por poner en marcha depuradora y se finalizan las obras del colector.

Es decir, si no se hubiera construido tanto en Les Deveses, insisto, y pese a estar en pleno siglo XXI, el problema seguiría exactamente igual: con el alcantarillado por terminar (vaya, aún faltan 120 metros) y sin la depuradora. Y hasta sin imputados, si me apuran.

Ligera variación* del artículo publicado el sábado 7 de junio en Las Provincias-La Marina, edición de papel. 

 

*Era bastante más largo, pero por comodidad en su lectura lo he acortado un poco.