Viaje a las entrañas de «Los Miserables»

En la platea no hay ni un alma, pero el escenario y la caja escénica del Gran Teatro del Liceo es un ir y venir constante de cajas con ruedines, telones, operarios con cables y pesadas piezas de escenografía. En un rincón, justo frente a la boca del escenario, unos cuantos fusiles descansan a la espera de que alguien se anime a empuñarlos. Un poco más allá, detrás de la inmensa caja negra que sustituye al escenario rotatorio de anteriores montajes, se amontonan carromatos, tramos de escaleras, barriles de explosivos con amenazantes calaveras garabateadas en blanco y, en fin, todas y cada una …





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